Salud

El poder de la ternura en tiempos de pandemia

El poder de la ternura en tiempos de pandemia

Termino una práctica de meditación matinal sentado sobre el mat y me permito observar a Teo, la mascota de mi hija que me ha acompañado este largo período de más de 30 días de cuarentena. Está recostado sobre mí y apenas percibe mi suave movimiento se levanta y me mira. Lo miro también. Recorro con mi vista lo que nos rodea, estamos a la misma altura. Apenas unos 25 metros cuadrados del living, siempre el mismo lugar, la misma estética, nada muy novedoso. Y pienso que este es el mundo de él estos días, mientras que el mío está on line, en las interminables obligaciones que estoy recorriendo en este tiempo y que incluyen reconvertir mucho de lo presencial en formato internet. Clases, programas, etc., etc. Pantalla, pantalla y más pantallas. Me surge una sensación de ternura hacia él. No simboliza, no piensa, con lo que este mundo físico, su mundo, parece pequeño y limitado. Es tan simple su día, su vida, pienso.

Ser tierno es ser presencia agradecida

En su origen etimológico la palabra ternura aúna dos componentes: por un lado el adjetivo "terno", que es sinónimo de tierno o delicado, y el sufijo "ura", que se utiliza para indicar un resultado o una actividad.

En su aspecto más concreto, es la característica de algo tierno. Puede referirse a algo que es fácil de partir, cortar o resquebrajar o que puede deformarse de manera simple. Pero en su aspecto simbólico puede ser entendido como "candidez", "inocencia", "ingenuidad".

Me gusta definirla como "la suave y simple conexión amorosa con el presente", porque siento que en ella se conjugan esos valores humanos profundos: simpleza, suavidad, sensibilidad, conexión, vuelta a lo pequeño.

Para nosotros los adultos, implica una capacidad de desarmar todos los condicionamientos mentales y volver al presente inmediato, a lo que nos es regalado. Porque eso tiene también la ternura, es la emoción y agradecimiento a la presencia de algo que se devela frente a nosotros, algo que suele estar continuamente pero rara vez descubrimos.

Volviendo al caso de mi percepción de Teo, Jon Kabat-Zinn, creador del principal programa de mindfulness, dice en uno de sus libros: "¿Has visto a tu perro en su perritud? ¿verdaderamente te has detenido a mirarlo?"

"La ternura es la base ética del sujeto, según decía Fernando Ulloa", me aporta Miguel Angel Castro, psiquiatra y también practicante de mindfulness. Claro, pienso, la ética del corazón, la sensible consideración del otro a través del acceso a mi parte más profunda y auténtica. Es una vuelta a mi origen.

Y luego Miguel completa la cita de Ulloa con una frase hermosa: “Hablar de la ternura en estos tiempos de ferocidades no es ninguna ingenuidad. Es un concepto profundamente político. Es poner el acento en la necesidad de resistir la barbarización de los lazos sociales que atraviesan nuestros mundos". Eso creo, que revitalizar la ternura, la mirada diáfana y atenta que traspasa la coyuntura actual, es una manera de engrandecernos. Y purificarnos.

La luz de la ternura

"Se dice que la oscuridad es ausencia de luz. Que la luz contiene a todos los colores. Y también sabemos que para que exista luz se necesita energía. Quienes hemos tenido que recurrir a las 'luces de emergencia' en medio de un apagón, hemos experimentado que estas nos ayudan a no tropezar en la oscuridad pero no son tan eficaces para hacernos 'ver con claridad'", comienza Fito Ferreya, profesor de yoga y colaborador ocasional de nuestros proyectos de mindfulness.

En un retiro en Córdoba me sorprendió escucharlo decir que quería desarrollar más ternura para su vida. "Con la energía adecuada todo 'se ve' más claro" -continúa-. Y favorece nuestro hacer cotidiano. En el ser humano sucede igual, nuestras bajas energías disminuyen nuestra visión del mundo y la meditación y la práctica del yoga son métodos que permiten volver al 220 que necesitamos. Dentro de esa luz que podemos ser, llamémoslo amor, están las distintas tonalidades. Y la ternura es una de ellas. Si ves la foto de un niño, del ser amado, de tu mascota, ¿ahí está la ternura?, ¿en ellos? ¿en el objeto? ¿o quizás surge de nuestro interior? Esa ternura, esa blandura, esa relajación agradable que permite el acercamiento, si no está disponible en vos, no surge", concluye.

Así es, debemos re-descubrir una mirada de principiante, sensible, amorosa, para acercarnos a la vida. Entonces vuelvo a mirar a Teo. Pero con más profundidad, y observo cómo se mueve su hocico captando aromas que entran por la ventana pero yo no alcanzo a captar, y activando sus orejitas para un lado y para el otro escuchando sonidos que tampoco entran en el espacio de mi sonoridad. Y lo descubro más plenamente. Lo veo con visión cabal, sin contaminaciones. Y allí siento más ternura.

Ojalá podamos sembrar más ternura para que esta bruta pandemia no entumezca nuestra mirada de la vida. Así sea.

*Martín Reynoso es psicólogo, director de Train Your Brain Argentina y autor de "Mindfulness, la meditación científica".