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Guardá el sahumerio y animate a ser tu propio gurú

Guardá el sahumerio y animate a ser tu propio gurú

Hace muchos años, muchos, la espiritualidad formaba parte de nuestros días. De nuestra vida como especie. De nuestro ser. Pero con el correr del tiempo, nos fuimos alejando. Y entonces, olvidamos quiénes éramos o qué teníamos que hacer en la vida o cómo podíamos desarrollar nuestros poderes. Porque éramos poderosos. No olvidamos. Nos hicieron olvidar.

Nos metieron en un sistema que separó al humano de su esencia y que lo hizo depender: de la Iglesia, del cura, del auto cero kilómetro, de su marido o de la empresa multinacional. Empezamos a creer que el resto tenía la posta. La información. La conexión. El contacto divino. El cuento del tío más grande la humanidad.

Así, empezamos a entender que teníamos que seguir mandatos, deberes, obligaciones. Que había mucho para pocos y poco para muchos. Nos comimos eso de que hay que romperse el culo para vivir, hay que sacrificarse, hay que mendigar amor. Hay que pelear, sufrir, aguantar, soportar. Hasta que la muerte te separe.

Y así nos hicimos débiles. Flacucos espirituales. Dependiendo siempre del contacto que otro iluminado tenía para ofrecerte. Y garroneamos un poco de wifi divino, incluso pagando muchísimo dinero. Sólo porque no sabíamos que teníamos la conexión paga desde nacimiento.

En otras épocas, el movimiento espiritual vino a ofrecernos herramientas maravillosas para sacarnos del pozo de las religiones y la conciencia de culpa. Entonces, empezamos a hacer de todo. Tiramos las cartas, abrimos registros akáshicos, llamamos a la bruja del barrio, pedimos consejos a muchos. Incluso a mí. Y esa etapa fue necesaria. Fue justa. Había que salir del pozo.

Te hicieron creer que no tenés poder. El sistema, los medios, el miedo, tu mamá y la maestra de primaria también. Te dijeron que el poder se gana o incluso también te dijeron que el poder es malo. Que la gente usa el poder para destruir a otros. Que el poder no es bien utilizado. Nadie te dijo que el poder sos vos. Que no lo tenes que ir a buscar. Ni ganar. Ni tener. Ni siquiera usar bien. Tu poder y el poder ya sos vos. Vos mismo.

Nos comimos eso de que hay que romperse el culo para vivir, hay que sacrificarse, hay que mendigar amor. Hay que pelear, sufrir, aguantar, soportar. Hasta que la muerte te separe.

Nos comimos eso de que hay que romperse el culo para vivir, hay que sacrificarse, hay que mendigar amor. Hay que pelear, sufrir, aguantar, soportar. Hasta que la muerte te separe.

El poder no se compra, no se vende, no te lo regalan cuando te dicen que algunas personas están a tu cargo, cuando sos gerente o presidente del mundo mundial. El poder es algo que también se deformó. Que también deformamos cada día de nuestras vidas. El poder. Tu poder. No se puede tener. Porque tampoco te lo pueden quitar. ¿Trabajarías de algo que odiás si supieras que sos poderoso? No.

Cuando todos comprendamos que somos seres humanos con poderes y poderosos vamos a salir de la burbuja de distorsión en la que estamos metidos. Cuando sepamos que el poder no viene de afuera sino que lo tenemos ganado desde el día que nacemos, la palabra poder no será malapalabra. Será una realidad innegable: no vinimos a la Tierra a tener poder o a no tenerlo. Vinimos a aprender que ya somos poderosos. Ahora sólo debemos ser concientes de nuestro poder. Y activarlo.

Recuperar tu poder. Es todo lo que tenés que hacer. No hay más que eso. No existe nada ni nadie que pueda hacer algo mejor por vos. Sólo vos podés recuperar tu poder. Saber quién sos. En la era de los adultos espirituales, ya no necesitamos gurúes ni maestros iluminados. Ya no. Así que apagá el sahumerio, la vela, dejá de decir namasté o de dar abrazos de luz.

Dejá de joder. Dejá de rendirle esa inmunda pleitesía al poder de otros. ¿Vas a seguir pidiendo auxilio o te vas a hacer cargo de vos mismo? ¿Hasta cuándo?

*Lorena es periodista y escritora. Especialista en Nuevos Paradigmas.

RR