Salud

Los "vetejales" de Anita

Los

Febrero de calor, lluvia y humedad. Algunos ya de vuelta y otros ansiando, ya casi exhaustos, las vacaciones. Así van transcurriendo los días rumbo a la vuelta al colegio.

En la sala de espera comparten espacio los “bronceados” y los “blanquitos”; el mismo bullicio y –según la edad– el mismo temor.

Vienen de la mano de su mamá, en busca del certificado de salud de ingreso al jardín.

“¿No me vas a poner vacunas?”, me dice ella antes de entrar, como para empezar con un acuerdo.

“No –respondo rápido–, yo no pongo vacunas”.

Entra, entonces, más relajada.

En medio de una charla con su mamá sobre su alimentación, Anita, de 4 años, comienza la charla.

–Yo como pollo con puré. ¿Es saludable?

–Sí, pero también hay que comer otras cosas. Verduras, frutas.

–A mí no me gustan los “vetejales” (sic).

–Bueno, pero hay que comer de todo, para crecer más sano.

Así transcurrió la charla sobre las ventajas de comer variado y algunos consejos para la mamá de cómo darle los alimentos.

Los niños aprenderán a comer variado, a vestirse solos y a no ver todo el día tele si los padres se lo enseñamos.

Con constancia y firmeza, habrá que hacer que coman desde chiquitos acelga o convencerse de que ya no es hora de ver la película otra vez.

Los más pequeños, con alguna rabieta de por medio, irán aceptando estas costumbres saludables.

Hay que hacerles entender que no siempre se puede hacer lo que ellos quieran.

Los seres humanos somos seres sociales y, como tales, debemos movernos dentro de los límites de convivencia.

La primera estructura de ejercicio de estas actitudes debe ser la familia.

Ya vendrán la escuela, los deportes y la vida fuera de casa, que impondrán otras normas y otras reglas.

Pero si la matriz se fundó en la casa, será para el niño más fácil y menos traumático.

“Chau, Anita, comé vetejales”, le recomiendo mientras nos despedimos con un abrazo.

*Pediatra