Salud

Recuperar el derecho a la salud

Recuperar el derecho a la salud

La situación de nuestro sistema de salud requiere de cambios sustanciales en términos de equidad, que fortalezcan su muy importante cobertura (entendida esta como la posibilidad de que cualquier ciudadano, o aun extranjero, pueda acceder gratuitamente al sistema publico).

La ausencia de política sanitaria, una estrategia a largo plazo y la retirada del Estado de su papel rector, han conducido a una situación en que el derecho a la salud se está convirtiendo en un peligroso objeto de consumo con dependencia de una medicina que incapacita para cuidarnos a nosotros mismos, con baja tolerancia a la frustración y el sufrimiento, y que parece haber avanzado tanto que hay dificultad para establecer los límites entre salud y enfermedad, resultando difícil asegurar que ya alguien no esté enfermo.

El mismo ejercicio de esa medicina está envuelto por un estilo de vida materialista y la cultura de la banalidad, con un modelo prestacional episódico y sin continuidad. Parece haberse olvidado la premisa de que cuando no hay mucho por hacer, hay mucho por dar, que aprendimos de ese gran maestro que fue Francisco Maglio.

Y existe una profunda ambigüedad: al personal de salud se le exige una cuota de sacrificio, abnegación , entrega y desinterés, que la sociedad, amenazada por el individualismo, egoísmo, hedonismo y afán de lucro, no está dispuesta a asumir ni vivenciar.

La reducción del ciudadano a la condición de mero consumidor, expresada en la utopía del shopping center, ese “no lugar” reservado solo para algunos, con olvido del tiempo y lugar en que se vive, ha alcanzado a los servicios de salud. Y suele adjudicarse este hecho exclusivamente al despliegue publicitario de las entidades de medicina prepaga, o mejor diría, a la centralidad que le asignan los medios de comunicación.

Así, el precio de las cuotas mensuales, el volumen y las condiciones de los servicios cubiertos pasaron a transformarse en el centro de la discusión “sanitaria” en los últimos anos, relegando los verdaderos problemas de inequidad de nuestro sistema, y desgraciadamente han cooptado el discurso político-sanitario.

Se ha incluso legislado sobre temas que resultan inadmisibles técnicamente a la luz de la teoría del aseguramiento privado, como la admisión no de riesgos, sino de daños consumados (preexistencias, enfermedad o embarazo en curso, etc.) o la extensión sin límite de la cobertura en un PMO sin fronteras ni estimación de impacto presupuestario.

Más allá de cualquier discusión sobre la legitimidad de los reclamos, la situación no deja dudas respecto a que la protección del bien salud (en todos sus aspectos, incluida la prestación de servicios), es un tema de manejo exclusivo del Estado, y no puede quedar sometido a una puja de intereses y precios de mercado, sino a la actuación reguladora de ese Estado, basada centralmente en la solidaridad y el principio de derechos equitativos para cada ciudadano.

Y con la activa participación de los servicios privados y de la medicina prepaga, que debería asumir, como en la mayoría de los países desarrollados, un rol complementario o suplementario de la cobertura pública o quedar reservado para aquellos que deseencomprar un servicio sustitutivo del público, aún cuando este brindara servicios de calidad y seguridad equitativos para todos.

Allí están los desafíos: la reaparición de un servicio público de salud con un marco de calidad que refleje los valores y criterios de la sociedad en su conjunto, y no solo resulte un último refugio para los más necesitados. Y la recuperación de un ministerio de Salud con real poder de rectoría sobre la seguridad social y el PAMI, con un marco normativo especifico, objetivo y transparente, para la toma de decisiones de política de cobertura, maximizando los beneficios sanitarios agregados a nivel poblacional en función de los recursos disponibles.

No es necesario buscar nuevos caminos, sino tener nuevos ojos. Hay quienes todo lo justifican en el argumento de que no puede hacerse todo al mismo tiempo, cuando la verdad de que se trata es ponerse en marcha y rechazar la sandez de que solo hay que reducir el gasto publico sin pensar en hacerlo mas eficiente. Para ello no es suficiente recuperar el ministerio de Salud, sino pensar en uno nuevo, que no solo haga política sanitaria, sino que sea capaz también de poner a la salud en el centro de todas las políticas.

Rubén Torres es Médico. Rector de la Universidad ISALUD

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