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China tiene "fábricas de censura" para controlar Internet

China tiene
Por LI YUAN

Li Chengzhi tuvo que aprender mucho cuando empezó a trabajar como censor profesional.

Como muchos jóvenes en China, Li, recién graduado de la universidad, sabía poco sobre la represión que tuvo lugar en la plaza de Tiananmen en 1989. Nunca había oído hablar del disidente más famoso de China, Liu Xiaobo, el ganador del Premio Nobel de la Paz que murió hace dos años mientras estaba bajo custodia.

Ahora, después de su capacitación, sabe qué buscar —y qué bloquear. Pasa horas escaneando contenido online para empresas chinas de medios a fin de encontrar cualquier cosa que provoque la ira del gobierno. Li sabe cómo detectar las palabras clave que hacen referencia indirecta a los líderes y los escándalos de China, o los memes que tocan temas que el gobierno chino no quiere que lea la gente.

Li, de 24 años, toma en serio su trabajo. “Sirve para limpiar el ambiente online”, comentó.

Para las empresas chinas, mantenerse del lado seguro de los censores del gobierno es un asunto de vida o muerte. Las autoridades exigen que las empresas se autocensuren, impulsándolas a contratar a miles de personas para vigilar el contenido.

Eso, a su vez, ha creado una nueva industria lucrativa: las fábricas de censura.

Li trabaja para Beyondsoft, una empresa con sede en Beijing de servicios tecnológicos que se encarga de la censura para otras empresas. Li trabaja en las oficinas de la empresa en Chengdu. La firma se mudó a este lugar porque los clientes se quejaron de que sus oficinas anteriores eran demasiado limitadas de espacio como para que los empleados pudieran realizar sus tareas de la mejor manera.

China ha armado el sistema de censura online más extenso del mundo. Se ha vuelto aún más fuerte con el presidente Xi Jinping, quien quiere que Internet tenga un papel más importante en el fortalecimiento del control que mantiene el Partido Comunista sobre la sociedad.

China ahora predica una visión de una Internet supervisada por el gobierno que hace un eco sorprendente en otros países. Plataformas como Facebook y YouTube han anunciado que contratarán a miles de personas para mantener un mejor control de su contenido.

Los trabajadores como Li muestran los extremos de esa estrategia, una que controla el contenido que ven diario más de 800 millones de usuarios de Internet en China.

Beyondsoft emplea a más de 4.000 trabajadores en sus fábricas de revisión de contenido. En 2016, la cifra era de unos 200.

Beyondsoft tiene un equipo de 160 personas en Chengdu que trabajan en cuatro turnos para revisar contenido políticamente delicado en una aplicación recopiladora de noticias. Para la misma aplicación tiene otro equipo en Xi’an revisando contenido potencialmente vulgar.

Casi todos los trabajadores son graduados universitarios de veintitantos años. Con frecuencia no están conscientes de la política, o le es indiferente. En China, muchos padres y maestros dicen a los jóvenes que interesarse en la política sólo conduce a problemas.

Para superar eso, Yang y sus colegas desarrollaron un sofisticado sistema de capacitación. Los recién contratados comienzan con una semana de capacitación “teórica”, durante la cual los empleados con mayor experiencia los instruyen sobre información delicada. “No sabían cosas como lo ocurrido el 4 de junio”, dijo, refiriéndose a la represión en la Plaza de Tiananmen en 1989.

Beyondsoft ha desarrollado una extensa base de datos de más de 100.000 palabras básicas delicadas y más de 3 millones de palabras derivadas. Los nuevos empleados estudian la base de datos como si se estuvieran preparando para exámenes de admisión a la universidad. Después de dos semanas, deben aprobar un examen.

Al inicio de sus turnos, los trabajadores reciben las instrucciones más recientes de censura enviadas por los clientes, quienes las reciben de los censores del gobierno.

Luego hay que discernir las formas en que los usuarios de Internet en China evaden la estricta censura para hablar sobre asuntos actuales, como las fotos de una silla vacía. Se refieren a Liu, el premio Nobel, a quien no se le permitió salir de China para asistir a la ceremonia de premiación y fue representado con una silla vacía.

Los trabajadores como Li ganan entre 350 y 500 dólares al mes, el salario promedio en Chengdu. Se espera que cada trabajador revise entre 1.000 y 2.000 artículos durante su turno.

Cuando se le preguntó si había compartido con su familia y sus amigos el conocimiento que había adquirido en el trabajo, como la represión de Tiananmen, Li respondió con vehemencia que no.

“Si mucha gente lo sabe, podría generar rumores”. Pero la represión es parte de la historia. No fue un rumor. ¿Cómo se las arregla con eso?

“Para ciertas cosas, uno sólo debe obedecer”, respondió.

© 2019 The New York Times