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En un rincón aislado del Ártico ruso, la llegada de la Internet rápida sacude la calma política

En un rincón aislado del Ártico ruso, la llegada de la Internet rápida sacude la calma política
Por ANTON TROIANOVSKI

NORILSK, Rusia — En una pantalla, el sol californiano brilla a través de hojas de palmeras. Esta isla de minas y chimeneas en la tundra tiene ahora Internet de alta velocidad, así que Andrei Kurchukov ve videos sobre Estados Unidos.

Videos de Marina Mogilko, una de sus personalidades favoritas en YouTube, presentan entrevistas con compatriotas rusos que viven en EE.UU.. “Los Ángeles”, les dice a su millón de seguidores, es “donde los sueños rusos se vuelven realidad”.

“La veo y pienso, qué lástima”, dijo Kurchukov. “Así que lo que mostramos sobre un Occidente pudriéndose es falso”.

Inaccesible por ruta y sumida en la oscuridad 45 días al año, Norilsk, un centro minero de níquel en el Ártico con 180 mil habitantes, es la ciudad importante más aislada de Rusia. Al carecer de comunicación digital confiable con el resto del país —el “continente”, como lo llaman—, los residentes solían pasar sus vacaciones en sus habitaciones de hotel, actualizando apps y descargando libros y películas en discos duros que llevaban de regreso a casa.

Entonces, hace dos años, No­rilsk Nickel, el gigante minero de la ciudad, tendió un cable de fibra óptica por 965 kilómetros de tundra y debajo del río Yeniséi. Una Internet más rápida reemplazó pronto a un enlace satelital lento e inestable como la conexión de la ciudad con el resto del planeta.

Anna Kurchukova dirige una popular cuenta Instagram sobre Norilsk, un centro minero del Ártico de 180.000 habitantes. (Maxim Babenko para The New York Times)

Anna Kurchukova dirige una popular cuenta Instagram sobre Norilsk, un centro minero del Ártico de 180.000 habitantes. (Maxim Babenko para The New York Times)

Ahora, una Internet relativamente poco censurada reemplaza la televisión controlada por el Kremlin como la ventana del público hacia el mundo. Y mientras lo hace, la imagen cuidadosamente elaborada de una Rusia renaciente y un Occidente malicioso se vuelve más difícil de mantener para Moscú.

Una cuenta de Instagram llamada Norilsk Today que a menudo publica imágenes de agua sucia de la canilla y basura sin recolectar junto con comentarios — “Al menos nos dicen en la televisión que nuestras vidas son maravillosas”— ha acumulado 54 mil seguidores, casi un tercio de la población de la ciudad.

El gobierno ruso está gastando millones para expandir el acceso a Internet de alta velocidad en áreas remotas. Al mismo tiempo, ha trabajado para expandir su operación de propaganda en Internet y criminalizó los insultos al gobierno. Pero eso no ha evitado que videos online que critican el presidente Vladimir V. Putin acumulen decenas de millones de vistas mientras más rusos recurren a la Red.

Cuando se inició en 2017 la era de lo que los residentes de Norilsk llaman “la gran Internet”, “fue una locura de exaltación, placer y euforia”, dijo Nikita Yakush, un programador. Facebook, YouTube e Instagram tuvieron un auge.

Yakush se enteró sobre las protestas en Moscú este verano en una cuenta de Instagram especializada en videos tiernos de animales. Leonid Pryadko, un minero, se enteró de los incendios forestales en Siberia por los que el gobierno ruso fue criticado.

Desde el interior de Norilsk, los pocos activistas de la ciudad usan la Red para obtener atención nacional, al crear una forma de presionar al gobierno local y al principal patrón y contaminador de la ciudad, Norilsk Nickel.

Aleksandr Pestryakov, presidente del Ayuntamiento de No­rilsk y miembro del partido Rusia Unida de Putin, argumentó que un mejor acceso a Internet había hecho que la gente fuera menos sociable y estuviera menos interesada en participar en la vida pública.

“Internet permite que se libere energía y eso es todo”, dijo Pestryakov.

Vitaly Bolnakov, un abogado y activista, usó la Red para descubrir cómo casarse con su pareja del mismo sexo. El año pasado, volaron a Dinamarca, obtuvieron su acta de matrimonio y publicaron una guía detallada en un foro LGBT online ruso.

Ver YouTube, dijo, lo ha convertido en “rusofóbico”. Ve la forma en que los derechos de sus compatriotas rusos son transgredidos por el Estado y lo poco que sus compatriotas los defienden.

Internet no cambiará el hecho de que Putin controla un extenso aparato de seguridad capaz de sofocar cualquier rebelión, señala. Pero al menos ahora le resulta más fácil a la gente burlarse de su gobierno.

“Internet no puede cambiar nada de forma radical, pero moralmente los menosprecia”, indicó Bolnakov de las autoridades. “Son blanco de burlas, ¿comprendes?”.

© 2019 The New York Times