Vida

Dejarse alcanzar por la vida

Dejarse alcanzar por la vida

Con vestido marfil escotado y haciendo equilibrio sobre sus stilettos al tono, avanza trotando la novia. De riguroso traje gris de abrigo con chaleco y pollera, un ramo de flores rojas en la mano y una gaita en la otra, la siguen el novio y un fotógrafo que no les pierde pisada. Acaban de esquivar a la adolescente en patines que desanda a toda velocidad uno de los caminos que bordean el lago. En la orilla opuesta se puede leer, invertido y armado con grandes letras blancas, un “Marry me” (Casate conmigo) que un joven coreano despliega ante la embelesada mirada de una chica de su misma edad.

Pasan corredores, familias en bicicleta, chicos, viejos, retazos de conversaciones en distintos idiomas que se mezclan en una suerte de Babel gigantesca y al aire libre.“Ice cream, ice cream”, lanzan su grito de guerra tres hermanitas que se abalanzan sobre el carro de los helados, mientras su madre, de impecable outfit ejecutivo, apoya portafolio y notebook sobre un banco mientras busca la billetera. En el respaldo, en una plaquita de metal se lee “In memory of Ella”. Para recordarla, para que ”su espíritu rebelde siga vivo”, su familia “adoptó” el banco, como lo han hecho tantos otros con tantos otros miles de bancos, dejando su mensaje imperecedero. Un tramo más de caminata y ahí está el memorial de John Lennon, con su "Imagine" dibujado en el piso e infaltables fans entonando sus canciones.

Pinceladas de una primaveral tarde de otoño en el Central Park, tan neoyorquino y tan universal a la vez. Lleno de contrastes y arquetipos, capaz de abrigar todas las ortodoxias y todas las heterodoxias. Albergando, en sus interminables senderos que se bifurcan, la vida y todas, todas sus pasiones.