Vida

El día que reabrieron los teatros: a diez años del brote de Gripe A

El día que reabrieron los teatros: a diez años del brote de Gripe A

El aplauso húmedo por el alcohol en gel. Las butacas semi-vacías -alguna ocupada como por androides con barbijo-. La prohibición de besos al actor después de la función. Las precauciones no alcanzaban hace diez años ante la epidemia de Gripe A. La Asociación de Empresarios Teatrales decidía suspender al Broadway porteño por diez días.

Este 17 de julio se cumple una década de la reapertura histórica de las boleterías porteñas. La bandera se levantó en el Maipo, con más de cincuenta artistas poniendo la cara al asunto. Guillermo Bredeston, Nora Cárpena, Hugo Arana, Juan Leyrado, Valeria Bertuccelli, Adrián Suar, Florencia Peña… El miedo continuaba, pero aminoraba la paranoia.

"Que el espectáculo debe continuar es la frase que inventaron los empresarios para seguir ganando plata. Que se metan la frase en el c…", ametrallaba por entonces Enrique Pinti. "Fuimos también responsables de que la enfermedad no se propagara. El parate fue una medida de sensatez".

Enrique Pinti junto a Adrián Suar y Guillermo Francella en el acto de reapertura de teatros.

Enrique Pinti junto a Adrián Suar y Guillermo Francella en el acto de reapertura de teatros.

Hecho histórico para el teatro argentino, la catastrófica pérdida económica de aquellos días era apenas un detalle, una nimiedad dentro de un panorama general que parecía apocalíptico. Más de 200 muertos en el país. 

Plumas, purpurina, máscaras en pausa. Unas 60 obras congeladas. La medida no distinguía géneros teatrales. Bajaban el telón desde Barbierísima hasta Hamlet en el San Martín. Incluso hubo parate para uno de los grandes líderes de la taquilla de entonces, Antonio Gasalla, con Más respeto que soy tu madre. Y hubo estrenos reprogramados: Elena Roger tuvo que debutar más tarde con la pieza Piaf, en el Liceo. Lo mismo ocurrió con Griselda Siciliani y Carla Peterson (Corazón idiota, en La Plaza). 

Por primera vez desde 1918 las marquesinas porteñas de la Avenida Corrientes no podían hipnotizar a turistas. Los niños se habían quedado sin su función de Casi ángeles, en el Rex. Las ansiadas vacaciones de invierno se habían convertido en pesadilla. Y los cines no eran la excepción: 50% menos de espectadores, se reprogramaron "tanques" internacionales como Hannah Montana. El Ministerio de Educación de la Nación proponía una alternativa curiosa, un 0800 para escuchar cuentos por teléfono, desde casa.

Niños en la puerta del teatro Gran Rex, con barbijo, antes de la función de "Casi ángeles".

Niños en la puerta del teatro Gran Rex, con barbijo, antes de la función de "Casi ángeles".

"El teatro no puede combatir a la enfermedad, pero puede aportar su granito de arena. Eso hicimos en estos días de veda", decía el productor Carlos Rotemberg. "Notamos que el teatro había dejado de ser una fiesta por la psicosis instalada en el público". 

El teatro era apenas una pata más de un sistema de emergencia que increíblemente cambiaba la rutina: sin clases durante un mes, algunas escuelas abrían solamente para la entrega de viandas. Y la Exposición Rural se llevó adelante sin cerdos. "Si bien los animalitos no transmiten la enfermedad, son terreno fácil para una eventual mutación de los virus", explicaban en el predio, en Palermo. 

El día del anuncio del retorno de la actividad teatral, las luces de alerta seguían encendidas. La advertencia de la Organización Mundial de la Salud (ONU) era clara: "El virus H1N1 se propaga a una velocidad sin precedentes". 

Alcohol en gel en el teatro. (Fotos: Juan Manuel Foglia).

Alcohol en gel en el teatro. (Fotos: Juan Manuel Foglia).

El negocio en las puertas de los templos teatrales ya no era el póster el ídolo, el llavero o la remera. Quien se paraba a comercializar alcohol en gel en las veredas terminaba el día con una recaudación digna para alimentar a la familia.

"Aprendan de los futboleros", desafiaban los hinchas de Vélez y de Huracán ante los espectadores temerosos del regreso a las salas. Es que ambos equipos definían el Clausura 2009. Y los hinchas de "El Globo" hicieron filas de 24 horas para obtener su entrada. No los acobardaba la gripe, la reventa ni las avalanchas.

Barbijos a dos pesos. Casamientos suspendidos. Adiós al mate compartido y a las cenas en restaurantes. Apogeo de delivery. Locales con el letrero de "haga fila a un metro de distancia y estornude dentro de su brazo". Y la 9 de Julio vacía, transitable placenteramente en auto. Pero, sin dudas, el titular con mejor juego de palabras no tenía que ver con el teatro, sino con la música. "Virus canceló conciertos".