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El Hombre Araña no distingue a Led Zeppelin de AC/DC, ¿y?

El Hombre Araña no distingue a Led Zeppelin de AC/DC, ¿y?

En Spiderman: Lejos de casa continúa la nueva saga que tiene a Tom Holland como protagonista, como un Peter Parker más adolescente y menos conflictuado, dentro de un contexto de comedia. Hay un poco de Messi en su personaje: gambetea con mucha gracia los escollos y mientras el gremio de los superhéroes le pide que salve al mundo y esté a la altura de un Iron Man/Maradona, como sucesor designado, a él sólo le interesa conquistar el corazón de MJ y llevarla a pasear por los rascacielos de Nueva York a los telañarazos.

En un momento de la acción, el personaje Happy Hogan, una suerte de tutor con sentido de la logística y el humor, anuncia que él se encargará de la banda sonora. Acto seguido, empieza a sonar Back in Black de AC/DC, que dado el uso que le otorgaba Tony Stark (Iron Man) a otro tema de los australianos, Shoot to Thrill, admite una coherencia en el rubro continuidad musical. La respuesta del joven Hombre Araña acude como chiste o síntoma, sin que quede muy clara su intención: “Genial, me encanta Led Zeppelin”.

La frase puede funcionar como chicana a otro Avenger activo, Thor, que alguna vez se vio beneficiado por Inmigrant Song, del cuarteto inglés, como tema emblemático, a propósito de la imaginería nórdica de la que se vale el himno incluido en el clásico Led Zeppelin III (1970). Pero esa sería la menos directa de las teorías. Lo claro es que el sketch marca una grieta generacional: el rock como música emblema de una generación vieja, que vagamente puede ser reconocida aun en sus aristas más populares por un estudiante de secundaria de la actualidad.

“Le acabo de decir a mi papá que Bad Bunny y J Balvin son como cuando se juntaron Queen y David Bowie pero mejor porque hicieron un disco entero y pude ver en sus ojos, el momento exacto en el que se arrepintió de no haberme abortado”, escribió esta misma semana, en Twitter, la periodista Julia Maestri desde su cuenta @julimaestri. Su sentido del humor no inhibe una realidad: la música referencial de su padre ya es museo o, peor, carne de biopic o, mucho peor, canon inamovible. Por estos días se publicó más centimetraje escrito sobre el medio siglo desde la edición de Tommy, la ópera rock de The Who, que sobre Oasis, el álbum Top 5 global del colombiano y el puertorriqueño. El problema no vendría a ser la siempre discutible valoración y comparación de músicas de distintos géneros y épocas, sino el hecho de que no hay constancia de que en 1969 se revisitara a la música de 1919, salvando el poco registro fonográfico de aquellos tiempos.

Retomando el tema de los soundtracks, el imaginario de los ‘80 como una década unidireccional en gustos musicales sigue pavimentando tropiezos. En la tercera temporada de Stranger Things, fechada en 1985, parecían haberle encontrado un encuadre más lógico a la ambientación sonora de un pequeño pueblo estadounidense de entonces. Se sacaron el elitismo universitario de la primera parte, donde un primer simple de The Smiths, apenas editado y con los problemas y distancias de distribución de un sello independiente inglés de 1983, entraba en la lista. Ahora, la veta de baladas Top 40 de Corey Hart, Reo Speedwagon y Foreigner venía aceitando perfecto la escalada hormonal de sus protagonistas, hasta que colaron I Just (Died on Your Arms) de los ingleses Cutting Crew, y ya pifiaron por casi dos años. Casi en paralelo, la serie Monzón, en su primer capítulo, presentó a un locutor radial extrañamente editorializando con el día de los enamorados, en una época que ni se citaba, y nombrando tema del año a La muralla verde (Los Enanitos Verdes) a dos años de su edición, y con otro hit vigente de los mendocinos. Yo te ví en un tren. Por desgracia, y en lo grueso de la serie, el ex campeón de boxeo vuelve a matar a Alicia Muñiz y nos recuerda la triste y coherente concordancia entre esos tiempos y estos.