Vida

"Friends" o cómo se veía la vida a los veintitantos

Cuando había que esperar una semana para saber cómo continuaba la historia de tu sitcom favorita, una persistencia que el streaming volvió antediluviana, yo seguía Friends con la devoción de hincha que jamás me despertó un equipo.

La serie, que una encuesta entre 2800 personas de la industria del entretenimiento publicada por Hollywood Reporter  en marzo de 2019 consagró como la mejor de la historia, festeja su 25º aniversario con una maratón de sus 236 capítulos, que Warner emite hasta el domingo. ¿Pero por qué nos gustaba tanto?

Al menos 20 millones de personas vieron cada una de las 10 temporadas. Sus protagonistas llegaron a cobrar un millón de dólares por episodio durante la última.

Al menos 20 millones de personas vieron cada una de las 10 temporadas. Sus protagonistas llegaron a cobrar un millón de dólares por episodio durante la última.

Si pocos años antes Thirtysomething (1987-1991) había reflejado en tono de comedia dramática la cotidianidad de un puñado de amigos en la treintena y los crujidos interiores de esa edad (el salto al negocio propio, los ajustes de la pareja ante la llegada de los hijos, la angustia que pueden plantear la soledad urbana o una enfermedad), Friends  se rió de la vida vista por seis veinteañeros que usaban de mirador el sofá del café en el que se reunían, el Central Perk. Amor, trabajo, tiempo libre, sociabilidad y familia fueron tamizados por esa mirada.

Las andanzas en Nueva York de los compinches Mónica, Rachel, Chandler, Phoebe, Ross y Joey registraron mutaciones sociales profundas, envueltas en un humor despreocupado, que contribuyó a naturalizar ciertas conversaciones.

Desde los capítulos iniciales, Ross (David Schwimmer) tuvo que compaginar su perpetuo amor por Rachel (Jennifer Aniston), con el hecho de que su exmujer, Carol, lo dejó por una chica, Susan, con quien criará a Ben, el hijo de ambos.

La comedia puso en pantalla también el tema de la subrogación de vientres y anticipó sus debates cuando Phoebe (Lisa Kudrow) se convirtió en gestante de los trillizos de su medio hermano y su esposa (“yo solo sería el horno, el bollo sería de ellos”, graficaba) y fantaseó con quedarse con uno de los niños.

El 11-S se coló en las tres últimas temporadas de la serie pero no torció su espíritu. Inspiró cambios de decorado (una bandera estadounidense apareció en uno de los departamentos), la omisión de alguna escena ya filmada (una que incluía un gag sobre seguridad en un aeropuerto se viralizó años después) y homenajes, por ejemplo, en las camisetas que recordaban los nombres de bomberos caídos en la tragedia que se vio usar a Joey en algunos episodios.

Como pasa con ciertas canciones que son máquinas del tiempo hacia nuestra mejor juventud, con Friends río y pienso por horas y en el mismo gesto sobre nuestra rara especie. Funciona incluso 25 años después.