Vida

Gabriel Senanes: "Componer es un trabajo muy muy duro"

Gabriel Senanes:

Compositor, director de orquesta, instrumentista (preferentemente saxo), médico y periodista, Gabriel Senanes se presentará el domingo 10 de noviembre a las 20 en el Auditorio Nacional del CCK como director invitado de la Camerata Argentina, la orquesta que dirige Pablo Agri.

Se trata de un concierto monográfico. “Es un recorrido -explica el músico- de varias obras para cuerdas que compuse para concierto, cine, teatro y televisión desde 1986 hasta hoy, una panorámica de distintas estilos y sonoridades que dependieron del contexto para el que fueron compuestas. Es a la vez muy honroso y extraño hacer conciertos monográficos como este. Me sorprende la cantidad y variedad de música que llevo hecha, por lo que seleccionar un repertorio siempre me deja cierta incertidumbre de que sea cabalmente representativo de mi producción, algo quizás imposible.

-¿Qué cambios y que constantes podrías establecer entre las distintas piezas del programa?

-No me es fácil saberlo. El estilo personal de un compositor suele ser más evidente para un oyente atento a las constantes que lo definen que al propio compositor. Creo que “mis” constantes son cierto eclecticismo que abarca desde géneros reconocibles a piezas abstractas, anteponer la idea a la técnica, o sea, hacer sonar la ideas o imágenes sonoras con ayuda de la técnica y sus procedimientos y no al revés, mi motor y eterna ambición de llegar a hacer una música sin vacíos expresivos, y asumir que la denominada originalidad puede no ser más que el modo personal , singular en que uno recombina elementos de la herencia, tradición y ambiente en que está inmerso.

-¿Cuando componés obras solistas, pensás en un intérprete en particular?

-Así ha sido en muchos casos, sí, como el Concierto en Canto Negroriano para violín y orquesta, destinado al “Negro” Suárez Paz, los Four Fatos for Fat’s, para Fats Fernández, mis obras con o para Paquito D’Rivera, Achilles Liarmakopoulos, Claude Delangle, Horacio Lavandera, Andrea Merenzon, Alberto Bologni, Pablo Aslan, Pedro Aznar, Susana Kasakoff y diversos grupos de cámara, como la Camerata Bariloche de Fernando Hasaj o los Cuartetos Petrus o Buenos Aires, las piezas con Pablo Marcovsky y Diego Arnal, mis compañeros de trío o el concierto que me gustaría escribirle a Martha Argerich. Otras veces, no: no son para ciertos instrumentistas, sino para ciertos instrumentos.

-¿Y qué le escribirías a Argerich?

-Sueño con un concierto, no para piano, sino para ella, quien quizás, más que una pianista, es alguien que ama y necesita tocar el piano. Una obra que apele a su virtuosismo, entendido en el sentido estricto de sus virtudes, que van en sentido contrario al virtuosismo vacío de esa piezas con muchas notas y poca música. La velocidad en Martha es expresión de su voracidad. Galopa cabalgando el piano. Pero ¿se entiende que estamos hablando de un deseo, no? 

-¿Qué te produce más placer: componer, tocar o dirigir? O bien ¿cómo serían esos distintos tipos de placer, si es que efectivamente son placeres?

-He tenido la suerte de tener grandes maestros de dirección, Mariano Drago y mi querido amigo Simón Blech, que me habilitaron y ayudaron tanto en ese mágico modo de hacer música de a muchos. Y también tuve grandes intérpretes de mis obras, incluyendo al mismísimo Simón. Ante un intérprete de una obra mía, no tengo otra pretensión de que suceda eso mismo: que haya una interpretación, un punto de vista o en este caso de oído, una manera de entender la obra y hacerla oír. Que otro interprete mis obras, me produce esencialmente curiosidad. Y esa curiosidad no la puedo tener yo mismo al hacer mis obras. Dirigir mis propias obras me da pudor, me hace sentir desnudo, expuesto, Por eso, aunque hacer un concierto que incluya mis trabajos me honra y alegra, prefiero dirigir obras de otros. Componer es una actividad poco placentera cuando está sucediendo: uno es absorbido día y noche por la obra, mientras el resto de la humanidad sale a pasear, ve la tele o toma un café con amigos. Es un trabajo muy muy duro, extenuante, en que conviene dejar que la obra se tome el tiempo que quiera y requiera. El placer, en mi caso, viene después, con el efecto, afecto y repercusión que esa música tiene en determinados oyentes cuya escucha y valoración aprecio, y en otros que también pueden sumar y contarme su experiencia. Del tocar disfruto mi caradurismo al hacerlo públicamente, y con varios instrumentos que manejo con distinta habilidad según el día, pero con sincera entrega siempre. Suelo decir que el instrumento que más me gusta tocar es el saxo, el que más toco es el piano y el que más estudié es la guitarra. Si las tres cosas coincidieran en uno, el resultado sería no sé si mejor, pero distinto.