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Se pueden ver en el Cine Gaumont los nuevos cortometrajes de "Historias Breves"

Se pueden ver en el Cine Gaumont los nuevos cortometrajes de

“La medallita”, filme silente en blanco y negro de Martín Aletto, es uno de los cortometrajes de la producción del Instituto Nacional de Cine (Incaa) “Historias Breves”, que el jueves pasado estrenó su decimoséptima edición y que se puede ver en Cine Gaumont.

Se trata del concurso del Incaa que todos los años selecciona historias breves de cine que lanzan nuevos realizadores, desde su emblemática primera edición en 1995 y donde aparecieron por primera vez directores como Lucrecia Martel, Ulises Rosell, Daniel Burman, Bruno Stagnaro, y Sandra Gugliotta, entre otros.

Esta decimoséptima edición reúne siete filmes en formato reducido: “Hay Coca”, de José Issa, que propone un thriller épico en la Puna salteña que articula las historias de los trenes, Isabel Sarli y las prohibiciones en épocas de la última dictadura militar; “Una noche solos”, comedia romántica de Martín Turnes sobre la posibilidad de recuperar el deseo sexual en una pareja absorbida por sus responsabilidades paternales; y “El espesor de lo visible”, de Mercedes Arias, película cuasifantástica que aúna conceptos científicos con cuestiones de género.

También aparecen en esta edición “El agua”, de Andrea Dargenio, una comedia negra sobre la alucinación de un personaje que pasa a vivir en un mundo sin agua; el filme negro “Noche de novias”, de Santiago Larre y Gustavo Cornaglia; y “El agua de los sueños”, de Pablo José Fuentes y Rocio Muñoz, que en clave fantástica atraviesa los mundos de las drogas alucinógenas, pueblos y creencias originarias y el tema del héroe.

“La medallita” es el último de los cortometrajes de esta edición, mudo, filmado en blanco y negro y que propone una relectura de un cine producido entre las décadas del 20 y el 40 a través de una leyenda que circuló en torno del letrista de tango Cátulo Castillo, aunque los personajes no son reales sino apócrifos, si bien se valen de muchas cosas que efectivamente vivió Castillo, como su dedicación por el box, donde llegó a ser campeón argentino, y su inspirada letrística.