Cultura

"Chica histérica": disparen contra Freud

El documental “Chica histérica” (“Hysterical Girl”) es uno de los candidatos, en su rubro, al Oscar de la Academia de Hollywood. Aunque esta categoría, y más cuando se trata de cortometrajes, suele interesar únicamente a los especialistas y no al gran público, el tema que aborda podría trascender ese estrecho círculo e impulsar, a la luz de los modernos estudios de género y el movimiento #MeToo, una mirada diferente, y por cierto poco halagüeña, sobre una célebre teoría de Sigmund Freud.

La película, dirigida por Kate Novack y producida por el diario The New York Times, se ocupa de uno de los casos paradigmáticos del fundador del psicoanálisis, el “caso Dora”, que dio pie a la elaboración de sus estudios sobre la histeria (“Fragmento de análisis de un caso de histeria”, 1905, Obras Completas, Ed. Amorrortu, tomo VII). El caso Dora trascendió el marco de la clínica y se instaló como referencia en la cultura del siglo XX. Tanto lo fue que, hacia fines de los 90, hubo una comedia, escrita por el psicoanalista argentino Pablo Silva, “El Kaso Dora”, que permaneció ocho temporadas seguidas en cartel, y que se representó en España, Puerto Rico, Italia, Perú y otros países. Su argumento, humorístico, imaginaba una confusión de la protagonista entre su carnicero, también llamado Sigmund, y su famoso terapeuta .

Sin embargo, el asunto de “Chica histérica” no sólo carece de humor sino que acusa de manera directa a Freud. De acuerdo con el film, a Dora, que tenía 13 años cuando un amigo de su padre intentó abusar de ella, Freud no sólo no le “escuchó” la denuncia sino que interpretó que su angustia se debía exclusivamente a deseos sexuales reprimidos hacia ese hombre; es decir, a su histeria. La adolescente, después del episodio con su abusador, había intentado suicidarse: fue entonces cuando su padre la llevó a que iniciara un tratamiento con Freud, con los resultados que se mencionaron antes. Dora terminó por abandonar las sesiones a medida que comprobaba que su médico sólo interpretaba lo que él quería en lugar de tener en cuenta su testimonio de abuso.

The New Yorker, al comentar esta película, recordó que en 1981 el director de los Sigmund Freud Archives, Jeffrey Masson, provocó una conmoción en la Universidad de Yale cuando acusó a Freud de un “crimen moral”. Según él, el caso Dora no fue el único sino que Freud solía oír de sus pacientes mujeres numerosos relatos de abuso sufridos en la niñez, episodios a los que, sin embargo, nunca consideró demasiado relevantes sino que le sirvieron de materia prima para elaborar su teoría de la histeria a partir de fantasías femeninas de represión sexual. Masson fue despedido de su cargo a raíz de ese comentario pero, más tarde, publicó el libro “Ataque a la verdad: la negación de Freud de las historias de abuso”.

En “Chica histérica” se dramatiza el análisis de Dora y las respuestas de Freud a partir de textos de su obra, y se ilustra con imágenes contemporáneas de casos como los de Harvey Weinstein, Jeffrey Epstein o Bill Cosby, cuyas voces se suman a las de Freud, en tanto que la de Dora a veces se sustituye por las de las víctimas que brindaron sus testimonios en los tribunales.

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