Cultura

Cuba, el fin del oasis utópico

Cuba, el fin del oasis utópico

La realidad cubana ya no se podrá poetizar. Esa épica del joven de melena y barba y de la adolescente de boina y sonrisa espléndida que, armados de fusiles, vigilan bajo el sol del Caribe, ha muerto de forma poco natural y la isla ha dejado ser oasis de la utopía. Basta ver de qué lado están los jóvenes y de qué lado el milico armado de fusil y perros y el ciudadano pro gubernamental con garrote y saña en los ojos.

Dos hombres saltan sobre un patrullero volcado en plena calle el 11 de julio de 2021 en Cuba.

Dos hombres saltan sobre un patrullero volcado en plena calle el 11 de julio de 2021 en Cuba.

En esta época hiperconectada, todo conflicto es una guerra de imágenes y hay una foto que algunos han equiparado con la icónica de Fidel Castro desembarcando del tanque de guerra después de vencer en playa Girón, en 1961. Esta imagen parece cerrar ese ciclo. Dos jóvenes negros en un auto policial parece lo más normal del mundo en Cuba, pero en este caso todo es lo contrario. El auto está al revés y los jóvenes están parados sobre lo que ahora es un cacharro roto: uno de ellos enarbola una bandera cubana, rodeados de otros jóvenes manifestantes. Esa foto es todo un símbolo para mí, que nací y viví en Cuba y conocí de cerca el poder intimidatorio de una policía que nada más ver a una persona de piel oscura o a alguien con aspecto de hippie, se acerca, extiende la mano y pide con voz estentórea: carnet de identidad.

Esa impunidad policíaca ahora fue desafiada. La gente virará a las casas, seguro; hay mucho esbirro en la calle y gente vestida fácil de identificar como paramilitares, por los pelados al rape y por los zapatos limpios de quien responde a un reglamento. ¿Pero cómo seguirá Cuba después de esto? Difícil de saber. Detrás de la cabeza visible del poder, ese Miguel Díaz-Canel tan falto de carisma, está el Grupo de Administración Empresarial, SA (Gaesa), especie de monstruo militar-empresarial dueño de una enorme tajada de la economía cubana. Encabezada por el general de brigada Luis López Callejas y otras personas cercanas al castrismo tardío de Raúl, GAESA se mueve en la sombra y como todo emporio capitalista piensa ante todo en cuidar sus activos. Supongo que esos gerentes tengan algo que opinar respecto a lo que está pasando; los inversores son volátiles y hay que cuidarlos.

O sea, la realidad cubana es compleja. Ni el partido comunista, ni el Estado son ya esa fuerza monolítica detrás de un líder que grita al unísono "¡Somos continuidad!" Entre el viejo y obtuso dirigente que bajo de la Sierra, Raúl Castro, y el tecnócrata sesentón que pasa sus vacaciones en Cancún y pretende seguir haciéndolo, hay tanta diferencia como entre los jóvenes que gritaban "Libertad" y las fuerzas pro gubernamentales que se le oponen. Los acontecimientos son muy recientes y es difícil vaticinar. Para mí está claro que no hay vuelta atrás, las imágenes pasan de celular a celular. Se ve a la policía reprimiendo al pueblo, ya no a los llamados “gusanos”, “cuatro gatos”, (según la terminología usada por Fidel Castro) que mostraban por la TV cubana mientras eran arrestados por agentes de la seguridad de Estado con cara hermética y pundonoroso gesto. Ahora es el pueblo llano, la gente negra, mulata y pobre, la que es acarreada a la fuerza, golpeada por garrotes y tratada como subhumanos. Fue un doloroso despertar para Cuba y el mundo. El relato utópico de un país igualitario fenece en medio de una incontrolable pandemia, apagones de casi ocho horas y un pueblo que emerge de una pesadilla catatónica que parecía eterna.

Indígenas aimaras junto a organizaciones sociales bolivianas –ondeando las wiphalas, el símbolo multicolor de los pueblos indígenas, y la bandera cubana– marchan en apoyo al mandatario de Cuba, Miguel Díaz-Canel, y exigiendo el fin del bloqueo económico de Estados Unidos a la isla, rumbo a la embajada estadounidense en Bolivia, en La Paz (Bolivia). EFE/ Martin Alipaz

Indígenas aimaras junto a organizaciones sociales bolivianas –ondeando las wiphalas, el símbolo multicolor de los pueblos indígenas, y la bandera cubana– marchan en apoyo al mandatario de Cuba, Miguel Díaz-Canel, y exigiendo el fin del bloqueo económico de Estados Unidos a la isla, rumbo a la embajada estadounidense en Bolivia, en La Paz (Bolivia). EFE/ Martin Alipaz

Marcial Gala es narrador. Ganó el Premio Ñ-Ciudad de Buenos Aires por su novela "Intensos compromisos con la nada" en 2018. Nació en La Habana y reside en Buenos Aires. Es autor también de "Sentada en su verde limón" y "La catedral de los negros".