Cultura

En su discurso de apertura de sesiones legislativas, Alberto Fernández habló de 'sujetos y sujetas': una licencia en el lenguaje que no le salió bien

En su discurso de apertura de sesiones legislativas, Alberto Fernández habló de 'sujetos y sujetas': una licencia en el lenguaje que no le salió bien

Al referirse a los aprendizajes que dejó la pandemia, en su discurso de apertura de sesiones legislativas Alberto Fernández dijo: "Nos obliga a poner en valor lo común, lo compartido, saber que todos habitamos la misma casa. Que todos somos sujetos y sujetas de la solidaridad, del cuidado hacia el otro y la otra".

“Sujeta” es un adjetivo. Uno puede decir “la bolsa está sujeta a tal lugar”. Pero “sujeto” es únicamente un sustantivo masculino, para indicar la persona cuyo nombre se ignora o no se quiere decir.

Como está el tema del lenguaje inclusivo en el candelero, quieren quedar bien con las mujeres. Pero al decir “sujetas”, no sé si quedan tan bien, porque cuando a mí me dicen “sujeta” pienso en el adjetivo, en el significado del adjetivo y entonces no está tan bien.

La academia dice que “sujeto” es un sustantivo masculino y “sujeta”, un adjetivo. No creo que haya mujeres a favor del sustantivo “sujeta”: él quiso hacer un sustantivo que parece del siglo XIX, cuando la mujer estaba realmente sujeta en el hogar. Creo que las mujeres deben estar en pie de guerra con esa forma de llamarlas.

Además no se ha difundido en el mundo hispánico y acá está la clave, el uso de “sujeta”, como persona cuyo nombre se ignora o no se quiere decir, no existe, no se puede incorporar al diccionario de la lengua, porque quiere decir que ese femenino falso no es aceptado por la lengua culta de toda Hispanoamérica y son muchas las academias y los pueblos de habla española. Para que ingrese en el diccionario tiene que haber una difusión masiva de la palabra.

Ocurre lo mismo con “belga”, un adjetivo gentilicio, correspondiente a alguien nacido en Bélgica. El sustantivo es “el belga” o “la belga” y no “el belgo”. El diccionario se encarga de aclararlo, es masculino y femenino, como sustantivo y como adjetivo.

Hay que tener cuidado, no se puede revolucionar la lengua por una cuestión sociopolítica. Nuestra lengua es milenaria y muy rica, los niños y adolescentes nos están escuchando, tenemos que ser modelos, ejemplos y si estamos diciendo cualquier cosa cuando no existe, ¿qué pasa luego? Como una legisladora española que quiso imponer “la miembra”, no dio frutos, porque se rieron todos. Es “el miembro” o “la miembro”, el género femenino se da con el artículo. No ocurre esto con “sujeto”, porque no se difundió “sujeta”. Y no creo que empiece a difundirse, porque somos 23 academias de habla española y no se ha presentado hasta ahora como un tema de investigación. Es la primera vez que oigo “sujeta”.

Hay que cuidar la lengua, es tan importante tener cultura lingüística, hablar con claridad, con mesura, para que los demás aprendan, porque todos somos maestros del prójimo. Un cambio lingüístico no es tan fácil, puede durar cien años.

Ahora bien, no me extraña. Yo digo que en este siglo XXI, tan ligado a la mujer y a la defensa de sus derechos, me llama la atención, dejando a un lado esto, que sustantivos femeninos se convierten en masculinos o se unen a adjetivos que intentan masculinizarlos, por ejemplo, en la radio y en la televisión, son continuas expresiones como “esa primer trompada”, “la primer computadora”, “la primera feminista”, “la primer dosis”, y tanto “trompada”, como “computadora”, “feminista” y “dosis” son sustantivos femeninos, por lo tanto el adjetivo ordinal tiene que ser “primera”. Esto de “primer” es un uso que apareció en el español clásico, pero que hoy se considera un arcaísmo.

*Alicia Zorrilla es presidenta de la Academia Argentina de Letras y lingüista especializada en la normativa de la lengua española, además de licenciada en Filosofía y doctora en Letras.

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