Cultura

Malvinas: Leila Guerriero y la crónica de un abandono masivo

Malvinas: Leila Guerriero y la crónica de un abandono masivo

Este libro se lee con la garganta cerrada por la angustia. Es que después de la Guerra de Malvinas, hubo otra guerra: la de los familiares de los soldados argentinos muertos, contra el olvido. Y contra la inercia de un Estado que, después de haberlos enviado a una guerra inútil -que la última dictadura había pretendido hacer pasar por una gesta épica-, ni siquiera dio cuenta de quiénes habían muerto ni cómo.

Sin datos, sin fechas, las familias de los caídos padecieron décadas intentando entender qué les había pasado a sus hijos, hermanos, padres, sin encontrar del otro lado más que el silencio de quienes deliberadamente les daban la espalda.

Escozor es lo que provoca, entonces, la lectura La otra guerra. Una historia del cementerio argentino en las islas Malvinas (Anagrama), de Leila Guerriero: un libro que narra los esfuerzos por restituir una memoria diezmada por la inacción institucional.

Ésta es, a su modo, la crónica de un abandono masivo, que además suma al olvido de los muertos el de los soldados vivos, que volvieron (casi) sin pena ni gloria al país donde los jerarcas de la dictadura se desentendían de las consecuencias de la masacre.

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Ni siquiera creyeron necesario identificar los cadáveres regados sobre la tierra, incluso teniendo un informe del inglés Geoffrey Cardozo, a quien, en 1982, el ejército inglés había encargado que identificara a los combatientes argentinos fallecidos, y diseñara un cementerio para albergarlos.

El meticuloso informe de Cardozo llegó efectivamente a manos de los militares argentinos que se llenaban la boca hablando del honor pero les negaron a los soldados hasta los ritos de la muerte.

Salvando ese documento inglés, del que, increíblemente o no, el Estado argentino hizo caso omiso, no hubo registros oficiales sobre los fallecimientos ni datos de cómo se habían producido.

El músico Roger Waters -que perdió a su propio padre en la Segunda Guerra Mundial-, el empresario Eduardo Eurnekian (que costeó las cruces blancas que reemplazaron las cruces de madera del cementerio Darwin, periodistas y ex presidentes como Cristina Kirchner y Mauricio Macri sirven también de involuntarios personajes secundarios a una historia que resultaría absolutamente inverosímil, si no fuera porque es cierta.

Y también están contadas las historias íntimas de esas madres que criaban a esos pibes que les arrebató la guerra.

En este libro hay un padre que no se animó a decirle a su esposa que el hijo de ambos estaba muerto. Esa mujer siguió sirviendo la mesa con un plato vacío y sobre el que descansaba un portarretratos. En Navidad, la familia chocaba las copas con la foto.

VA