Cultura

Mi Quinito y su respuesta: "egoísmo por egoísmo, me quedo con el mío"

Mi Quinito y su respuesta:

La señora se abrió paso entre la nube de gente que trataba de sacarse una foto con Quino, quien intentaba con dificultad dejar el stand de Ediciones De la Flor en la Feria del Libro de Buenos Aires, después de haber firmado libros -y algunos papelitos- durante más de tres horas. Insistió imperativamente con que había esperado mucho tiempo, siendo que ya habíamos aprendido que uno de los chicos del stand se tenía que poner al final de la cola, una hora antes, para avisarle al público que Quino se tenía que ir y pedirles por favor que volvieran otro día.

Quino, con su timidez habitual, apeló a la sensibilidad que hizo tan querible a su personaje más famoso: "Señora, estoy hace tres horas aquí, estoy muy cansado y tengo hambre, ¿a usted no le importa cómo me siento?". La mujer respondió con la misma actitud prepotente con la que había llegado hasta allí, "Y la verdad que..., pero, ¿me firma el libro?". "Ah, bueno... egoísmo por egoísmo, me quedo con el mío", dijo Quino, amable pero firme, y se fue. Supongo que más decepcionado que su lectora.

Años más tarde, con su vista muy deteriorada y dificultad para caminar, fue él quien me llamó -contra todo pronóstico- para decirme que quería ir a la Feria a firmar. Alguno de nosotros se sentaba a su lado, a compartir una cerveza y charlar, orientando su mano cada tanto: podía firmar de memoria, del mismo modo que había aprendido a escribir a oscuras "para no olvidarse de las ideas que se le ocurrían cuando estaba soñando", pero a veces, por esos días, ya no reconocía dónde estaba el blanco de la página.

Y todo el público. Quino y Kuki Miler en la Feria del Libro de 2012. Foto Fernando de la Orden

Y todo el público. Quino y Kuki Miler en la Feria del Libro de 2012. Foto Fernando de la Orden

Quino, genuinamente modesto, no se sentía por encima de nadie, pero tampoco estaba dispuesto a que le pasaran por encima. No permitía la utilización de sus personajes sin su autorización, porque era claro y coherente en sus convicciones e ideales. No era rápido para dibujar, porque era detallista y autoexigente para su trabajo, y demandante (como lo fue Alicia, su enorme aliada y compañera de vida) para con los que nos encargamos de difundirlo. Nunca terminó de creer lo que todos pensábamos y decíamos de él, de su genialidad, pero sabía que la gente que iba a buscar esa firma, a veces un dibujito, le tenía cariño, afecto, y sé que tenía ganas de retribuirlo, sobre todo cuando empezó a sentir que cualquier año podía ser el último.

Como buenos mendocinos, compartíamos la pasión por la buena mesa y el buen vino y, como sello del profundo sentimiento que nos unía, nos llamábamos mutuamente en diminutivo: Quinito, Kukita.

Cuando, durante algún evento, percibía alguna señal en mis ojos o gestos, llamaba al día siguiente para preguntar: ¿qué te pasaba anoche?, porque era un minucioso observador de realidades y sentimientos.

Fue mi amigo dilecto, amoroso, tierno, incondicional y solidario, más allá de ser nuestro autor emblemático durante 50 años...un verdadero privilegio.

Queda la alegría de saber que es irreemplazable, porque eso lo vuelve eterno. Aunque yo ya lo extrañe.

PK

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