Cultura

Murakami: no gana el Nobel, pero deleita con sus cuentos

Murakami: no gana el Nobel, pero deleita con sus cuentos

Ocho entradas para ingresar (o regresar) al cautivante mundo de Murakami, el reiterado candidato al Nobel. Ocho cuentos que se deslizan (una de las características de su prosa) en recuerdos, memorias que son y no son las de él, que pertenecen a la realidad, a la fantasía o esos sueños que se vuelven difíciles de olvidar. De entrada, el primer cuento (en la edición en español), es el recuerdo de un muchacho de 19 años que estudia Literatura en la universidad y trabaja en la cocina de un restaurante. Allí conoce a una camarera, un poco mayor que él, que un día le pide pasar la noche en su departamento y, luego, en el momento del orgasmo poder gritar el nombre de otro chico. No es lo único que recuerda, también que ella escribía poemas, que le envió el poemario que había publicado, y que algunos de sus versos siguen estando en él como ese “Áspera piedra, fría almohada”.

El último de los relatos, “Primera persona del singular”, nombre del libro, cuenta de un ser solitario, misógino, que cuando su mujer se va de fiesta con unas amigas, se trajea con elegancia y se va a un bar a tomar un trago y es interrumpido por una mujer que para su desconcierto lo trata como alguien conocido, una intrusa en lo que hasta ahí parecía un cuadro de Edward Hopper, y que lo arroja a un mundo onírico surreal gritándole “ahógate en tu propia vergüenza”. En medio de esos dos extremos está “Flor y nata”, con un anciano que enseña a pensar en un círculo con muchos centros y sin circunferencia, y que parece un homenaje a Borges. “Charly Parker plays Bossa Nova” sobre un disco extraordinario, anacrónico, imposible, que nos remite a Cortázar. El muy murakamiano “Confesiones de un mono de Shinagawa” con un mono masajista que habla en perfecto humano y se dedica a robar la identidad a las mujeres que ama. Y la recuperación de lo que le queda de aquella chica del secundario que apretaba contra su pecho el disco “With de Beatles”, esa que ahora aparece en la tapa del libro. O “Carnaval” con la amistad en la belleza de la música con la mujer más fea. Y más para continuar descubriendo las consecuencias imprevisibles de ciertos actos, de amores perdidos y pasiones reencontradas, de los lazos que disuelven los límites entre lo real y lo fantástico. A los 72 años ofrece el placer de las variaciones de un juvenil Murakami en primera persona.

M.S.

=Haruki Murakami, “Primera persona del singular” (Tusquets, Bs. As., 2021, 280 págs.)

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