Economía

Coronavirus en Argentina: ni economía ni vidas; hasta ahora, dos fracasos

Coronavirus en Argentina: ni economía ni vidas; hasta ahora, dos fracasos

El 29 de marzo, al anunciar la primera extensión de la cuarentena, Alberto Fernández dijo dramáticamente: “De la economía se vuelve, de las muertes, no”. Ocho meses después resulta evidente que si aquella definición era el sostén conceptual de un plan contra la pandemia, el plan fracasó. El Gobierno no evitó el derrumbe de la economía, pero aún más grave, tampoco salvó las vidas: hoy la Argentina es el cuarto país en el mundo (se excluyen Andorra y San Marino por su escasa población) con más muertes por millón de habitantes (788, según la plataforma ourworldindata.org), y el segundo en América Latina, sólo detrás de Perú (1.064), y por encima de Brasil, Chile y Bolivia, a los que hace meses desde el oficialismo se describía como escenarios de catástrofes por haber elegido estrategias de aislamiento menos estrictas. El total de muertes por coronavirus en el país es de 35.727.

“Entre la economía y la vida, elijo la vida”, dijo también en tono grave el Presidente. A esta altura tampoco quedan dudas de que dicha elección no se tradujo en una estrategia sanitaria adecuada. Más bien lo contrario, la realidad expone que lo hecho fue a todas luces insuficiente.

La reiterada consigna de aplanar la curva de contagios para preparar al sistema de salud y evitar su colapso (con la descalificación furiosa de quienes se atrevieron a cuestionarlo) impidió una escalada de muertes en poco tiempo (crisis que sufrieron Italia y España), pero no el crecimiento constante de la cifra final. Y la cuenta no se detuvo.

Si el Gobierno puede disfrutar de un mezquino beneficio es sólo en la percepción social del drama. El agotamiento por la cuarentena más larga del mundo, la urgencia en recuperar las economías personales y la ilusión que encienden las posibles vacunas (aprovechadas con anuncios desde el oficialismo) desvían la atención pública de cifras que ya se asumen con la distracción de lo cotidiano. Son la síntesis dolorosa de un fracaso.

La pregunta, entonces, sería: si la cuarentena temprana permitió reforzar el sistema de atención, como Alberto Fernández y Kicillof repitieron en cada aparición, ¿por qué no se contuvo el número de víctimas?

El neurólogo Conrado Estol lo explica. “Puede ser que nuestro sistema de salud sea más débil que el de otros países. Pero no tenemos este número de muertos por un déficit en la atención médica”. Y reitera lo que pregona desde hace meses. “El problema fue que no se implementó la estrategia de testeos necesaria. Permitimos que el virus continuara expandiéndose, crecieron los contagios y las muertes”. Y agrega: “Deberíamos prepararnos para hacerlo mejor en una segunda ola”.

Las cifras de la plataforma worldometers.info le dan la razón. Hasta ayer Argentina sumaba 76.604 tests por millón de habitantes, muy lejos de Chile, con más de 253 mil tests, y Uruguay, con más de 106 mil, por citar dos países cercanos.

La ecuación es simple: a menor crecimiento de los tests y posterior rastreo y aislamiento, mayor cantidad de contagios: con 28 mil por millón de habitantes la Argentina supera a Brasil, con poco más de 27 mil, pero con casi cinco veces más población.

Lo cierto es que Alberto Fernández tenía razón. De la muerte no se vuelve. Sólo hasta ahora, más de 35 mil víctimas de la pandemia lo comprobaron en nuestro país.

Un número que debe ser leído con detenimiento y por el que alguien debería ofrecer una explicación alejada de falsos triunfalismos.

La filmina que todavía falta mostrar.