Economía

Dólar y bonos, los riesgos de un equilibrio precario

Dólar y bonos, los riesgos de un equilibrio precario

Hasta no hace mucho tiempo, la brecha que preocupaba a los economistas era la que separaba al precio del dólar oficial con los dólares bursátiles y, también, con el blue, que para los negocios importa poco, pero que es una especie de faro a monitorear. Sin embargo, a medida que se fue profundizando la actual política económica, otras brechas comienzan a preocupar.

Una de ellas, la más significativa en términos macroeconómicos es la que va separando el ritmo de devaluación del peso con la tasa de remuneración de los pasivos monetarios, sobre todo las Letras de Liquidez (leliqs) y pases.

La razón es más contable que económica y tiene que ver con el balance del BCRA y algún tipo de equilibrio entre activos y pasivos, los venerados debe y haber. Los dólares son el activo, los "bienes" del banco; y sus pasivos los billetes impresos y los supuestos instrumentos de regulación monetaria, Leliqs y pases. Un balance en rojo no mata a nadie, pero, en este caso, se financia con más emisión. Algo de nafta en el fuego, digamos.

La foto, como explica Carlos Pérez por ahora no es preocupante. Es como una imagen de familia feliz. Pero la película puede convertirse en una pesadilla, tanto por razones económicas como políticas.

Estas últimas, más sencillas de entender, tienen que ver con la necesidad de financiar el gasto público con emisión creciente de pesos. Este dinero luego debe ser absorbido por el BCRA para que esa líquidez excedente, en un mercado con una demanda de dinero local anémica, no se vuelque a los precios. En este sentido, las Leliqs también podrían leerse como un instrumento antiinflacionario "latelarizado" como dirían los traders. Suena excesivo quizás, pero no por eso es menos cierto. Así, el BCRA debe emitir pesos para financiar al Tesoro y luego absorber una cantidad de moneda cada vez más significativa.

El otro elemento antiinflacionario, la verdadera ancla gubernamental, es el precio del dólar oficial. Un valor que el gobierno deliberadamente deja atrasar respecto de la inflación. El razonamiento, que visto sus resultados ya podría comenzar a revisarse, es que si la divisa no sube los precios aumentarán menos. Hasta diciembre, el dólar se ajustaba con la inflación del mes anterior; ahora, la devaluación es la mitad o menos de la inflación. Los precios no se enteran, pero así son las cosas.

De esta manera, el BCRA tiene cada vez más pasivos y menos activos. La consultora Analytica lo pone en cifras. En abril el dólar creció al 27% anual y sólo las leliqs devengaron un interés del 38%. Otra consultora, LCG sostiene que los pasivos monetarios del BCRA equivalen al 11,2% del PBI. Es una cifra que puede convertirse en un torbellino inmanejable.

Se aduce que debido a la liquidación de divisas, compradas con destino a las reservas, el activo del BCRA es cada vez mayor. Es verdad. Pero la pregunta es qué sucederá cuando el Banco Central deba retirar dólares para pagar la deuda. Con el Club de París son US$2.400 millones que vencen este mes pero que se pueden pagar tres meses despúes, y hasta setiembre incluído, son US$2.560 los que debería llevarse el FMI. Sin crédito a la vista, el activo de estos días se vería chamuscado. Eso sin pensar en las divisas para pagar importaciones.

Y los pasivos no dejarían de crecer. No es mala onda. Aunque no se emita un sólo centavos más y el Tesoro no le pida un peso al BCRA, el mero devengamiento de las leliqs va creciendo a un ritmo imparable. Y esa deuda se paga con pesos. Son como los punitorios de una tarjeta de crédito: impagables.  ¿Existe el escenario de no renovación de las letras? Díficil, para no decir imposible. Y todos saben o imaginan por qué no.

Existen, eso sí, alguna que otra solución. La salvaje es un bonazo al estilo Bonex. Un papelito a 10 años y listo. Y que los bancos (tenedores de leliqs) se arreglen con sus depositantes. Se pueden, de manera algo más sensata, subir encajes y usar las leliqs para eso. O, de manera algo más romántica, pretender que se utilicen en el mercado de capitales para financiar nadie sabe muy bien qué. Se pueden pensar soluciones que unan lo bello y lo útil. Lo que no se puede hacer es creer es algo que funciona para una emergencia pueda usarse para siempre.