Economía

Inversores buscan retornos en mercado encorsetado por Fed

Inversores buscan retornos en mercado encorsetado por Fed

¿Cómo armar un portfolio con un riesgo-retorno adecuado en un mercado cuyo mero sostén es la liquidez de la Reserva Federal? Esa es la pregunta que desde marzo inquieta a muchos inversores. Si bien la decisión de la Fed puso un piso al valor de los bonos, también generó distorsiones mayúsculas en el mercado. Es que en un mundo con tasas de interés que tienden a cero y los rendimientos de los bonos a valores artificialmente bajos, se torna difícil obtener retornos atractivos y, más grave aún, cubrirse ante posibles fluctuaciones en los mercados.

En tal escenario se catalizaron muchos cambios en los paradigmas de inversión dominantes de las últimas décadas. En consecuencia, los inversores institucionales ya están detrás de nuevos instrumentos para protegerse ante volatilidad en el mercado, la deuda del sector corporativo vuelve a despertar interés, y la indulgencia de la Fed se convierte en el principal fundamento a considerar en una inversión. Son las consecuencias (o los riesgos) de que la política de tasas de la Reserva Federal dicte el ritmo de la principal economía.

Por décadas, los inversores armaron carteras con 60% acciones y 40% bonos, lo cual permitía generar un rendimiento atractivo y protegerse de la volatilidad de mercado. La dinámica era sencilla: cuando el contexto económico se complejizaba, y esto golpeaba al mercado accionario, el rendimiento de los valores del Tesoro se deprimía y el precio de los bonos subía, compensando la pérdida de valor de las acciones. Sin embargo, dado el corsé que la Fed colocó sobre el mercado, este vínculo se rompió.

Consecuentemente, los inversores institucionales comenzaron a volcarse a hedges más riesgosos para intentar mitigar la volatilidad de las acciones. En rigor, de marzo a esta parte los administradores de fondos se volcaron a activos exóticos, como opciones, divisas, bonos de mercados emergentes o commodities, en aras de replicar las propiedades tradicionales del mercado de bonos. El problema es que ninguno de estos activos se comporta con la misma fiabilidad. Para transar divisas, por ejemplo, se necesita un alto grado de especialización y -aun así- el componente especulativo es demasiado elevado para la mayoría de los inversores.

De hecho, hasta la misma deuda del sector corporativo estadounidense ofrece rendimientos históricamente bajos. Lo sorprendente es que tal fenómeno se da en un sector que no sólo fue azotado por la pandemia y tiene un futuro extremadamente incierto, sino que también se da en un año en el que ha emitido nivel de deuda récord para financiar desequilibrios meramente comerciales.

En vez de ponderar el endeudamiento récord del sector corporativo y castigarlo con un costo más elevado, el apetito de los inversores y deseo de generar mayores rentas ampliamente contrarrestó la debilidad financiera de las empresas. Es así que el costo de endeudamiento para las empresas cuyos títulos no alcanzan el grado de inversión cayó de un 11,4% a un razonable 5,2% en medio de la crisis. Es que, dada la política de tasas bajas reinante en los bancos centrales en Estados Unidos y Europa, las tasas de interés de ciertas compañías que son “seguras” son extremadamente atractivas.

Son las propias decisiones de la Fed las que desbancan a los bonos del Tesoro como refugio de valor. El desplazamiento de inversiones está respaldado por la serie de acciones que la Fed tomó a principios de año para rescatar a los mercados de crédito e incentivar la compra de activos riesgosos. Este no teme presumir su poder de fuego recordando a los inversores que están navegando un mercado que está lejos de la normalidad. Por ejemplo, los mismos oficiales de la entidad monetaria repiten constantemente que están dispuestos a acelerar la compra de bonos corporativos siempre que se viese un problema en el funcionamiento del mercado. Es así que el principal indicador del riesgo de una inversión es cuan indulgente o benévola será la Fed a la ahora de poner un piso al precio del activo.

Al evidenciarse que los bonos del Tesoro norteamericano ya no tienen el poder de hedge que tenían en el pasado, los inversores salen a testear nuevos instrumentos. Es que muchos afirman que estamos en un mercado en el que las reglas normales no aplican. Son estas mismas distorsiones las que generan tanto riesgos como oportunidades.

Suscribite a nuestro newsletter