Economía

Jubilados: qué puede pasar con los aumentos en 2021

Jubilados: qué puede pasar con los aumentos en 2021

Con la fórmula de movilidad oficial propuesta, la ANSeS proyecta que en 2021 las jubilaciones y demás prestaciones sociales tendrán un aumento del 11,9% en marzo y del 18,2% en septiembre. Entre diciembre 2020 y diciembre 2021, sería un aumento del 32,2%, superior al 29% que prevé de inflación el Presupuesto Nacional para el año próximo. Con estos supuestos, las jubilaciones y prestaciones sociales tendrían punta a punta, una pequeña mejora.

Sin embargo, el último Relevamiento de Expectativas del Mercado (REM) – del que participan consultoras y entidades bancarias- proyecta para 2021 una inflación muy superior: 48,9%. Con este dato, las jubilaciones y prestaciones sociales tendrían una enorme caída.

Sin embargo, si la inflación de 2021 se aproximara a la proyección del REM, los salarios y la recaudación impositiva con destino a la ANSeS y la recaudación total del organismo previsional también crecerían por la propia suba de los precios y así los aumentos proyectados de la ANSeS deberían ser mayores.

¿Serían mayores, menores o le empatarían a la inflación?

Los aumentos de las jubilaciones se calculan por las variaciones de los salarios y la recaudación de hasta 9 meses antes. En marzo, según los aumentos de esas variables entre julio y diciembre del año anterior y en septiembre, según los valores entre enero y junio. Y de la suba de los salarios y recaudación tributaria con destino a la ANSeS y la recaudación total de la ANSeS, incrementada en un 3%, se aplica el que dé menos.

Si la inflación es ascendente, los salarios y la propia recaudación del Estado retroceden en términos reales y, además, los aumentos de las jubilaciones “correrían” muy por detrás de la suba de los precios porque estarán calculados por las variaciones que hubo entre 3 y 9 meses antes. Con otro agravante: que en los meses entre uno y otro aumento semestral los haberes se mantienen en el mismo nivel, mientras la inflación “sigue haciendo de las suyas”.

Así se produciría una fuerte caída del poder de compra de las jubilaciones y prestaciones sociales porque el aumento reflejaría variables desfasadas por la inflación en ascenso y sin ajustes entre marzo y septiembre y entre ese mes y marzo del año siguiente.

Por ejemplo, una jubilación que pase a $ 20.000 en marzo, con una inflación en los siguientes 6 meses del 25%, ubicaría a ese haber -descontada la suba de precios– en $ 16.000, previo al siguiente aumento en septiembre. Una pérdida real del 20%.

Al pasar los aumentos de ser cada 3 meses a ser cada 6 meses y no tener una cláusula de ajuste automático frente a la inflación, la caída de los haberes no tiene piso. Y es sabido que los momentos de alta inflación no solo son más que frecuentes en la economía argentina sino un mecanismo clave de “licuación” de sueldos y jubilaciones.

Así las cosas, con la nueva fórmula, y con la limitación de elegir la menor de las dos variables, los haberes previsionales deberían mejorar en los períodos de buena recaudación y salarios superiores a la inflación mientras caerán en los momentos de recesión, mayor inflación y pérdida salarial real, sin que exista ningún límite a esa caída.

Otro dato no menor. La fórmula propuesta no establece ninguna compensación inicial por la pérdida de los haberes jubilatorios del 19,5% durante 2018 y 2019 que afectó a todo el sistema. Y tampoco durante 2020 que afectó a las jubilaciones medias y más altas. Con el último aumento de septiembre, en los últimos tres años, las jubilaciones y pensiones mínimas tuvieron una pérdida del 14,8% y las más altas un retroceso del 21,8%.

En los próximos días se conocerá el aumento por decreto de diciembre para analizar el balance del año.

NE

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