Economía

Salarios, gasto y dólar: ¿Y si el Presidente le hace caso a Cristina Kirchner?

Salarios, gasto y dólar: ¿Y si el Presidente le hace caso a Cristina Kirchner?

Entre los múltiples mensajes e interpretaciones contenidos en la carta pública del 16 de septiembre de la vicepresidenta Cristina Kirchner al presidente Alberto Fernández hay dos referidos a temas económicos de fondo que se destacan.

Uno de ellos es nítido: Alberto, perdiste las elecciones porque los salarios corrieron de atrás y la suba de precios de los alimentos se llevó por delante al bolsillo de la gente.

El otro, más técnico, estuvo referido a que el Presupuesto 2021 contemplaba un déficit fiscal de 4,5% del Producto Bruto Interno y en los primeros ocho meses del año había llegado a sólo 2,1% del PBI, con lo que queda mucho para gastar desde ahora hasta fin de año. ¿Cuanto? Un billón de pesos más o menos, que podría destinarse a la atención de la pandemia y a la atención de la "delicada situación social".

Así, la receta kirchnerista, y mucho más aún después de la fuerte derrota sufrida en las PASO del 12 de septiembre, sigue siendo la mismo: aumentá los salarios y expandir el gasto público cueste lo que cueste.

Es evidente que el presidente Alberto Fernández y su ministro de Economía, Martín Guzmán (Cristina Kirchner, por un lado, dice que no se opone a que siga en el cargo pero, por otro, le exige que abra el monedero) no piensan lo mismo.

Y sienten pavor a que una mayor expansión del gasto, en un momento en el que los pesos le queman en la mano a la gente frente a una inflación de 50% anual.

Con las idas y vueltas de ministros, el cepo al dólar es una de las pocas certezas a las que puede aferrarse Alberto Fernández.

Inyectar pesos en bonos para jubilados, para asalariados o aumentos de la Asignación Universal por Hijo o en otro IFE (Ingreso Familiar de Emergencia) en el intento de llenar los bolsillos para buscar recuperar votos en la elecciones legislativa del 14 de noviembre, además de ser una jugada previsible, puede tener costos en materia de inflación y dólar a los que se debe estar atento.

El Banco Central tiene colocadas en los bancos Letras de Liquidez (Leliqs) por $ 4 billones que juegan como un dique de contención pero, a la vez, constituyen una montaña de pesos inmovilizados que en algún momento habrá que comenzar a desarmar. ¿Lo harán en base a una inflación que la licue?

Cómo es lógico en una carta política, la Vicepresidenta no se detiene en cómo Guzmán logró un ajuste fiscal en la primera parte del año que, aunque parcialmente, habría aportado un grano de arena a que la inflación del mes anterior (2,5%) comience con 2 y no con 3 como venía siendo costumbre.

Para los economistas, el ministro logró cerrar las cuentas por dos resultados por el lado de los ingresos y uno de los egresos.

En los ingresos, la clave estuvo en las mayores retenciones a las exportaciones del campo (crecieron por los mejores precios internacionales de la soja y el maíz) y el impuesto a riqueza.

En los egresos, la inflación de 50% le permitió al gobierno licuar las jubilaciones y pensiones, un resultado que nunca reconocerá Martín Guzmán pero que le aportó lubricación a sus conversaciones con el FMI.

¿Y que pasa con el dólar? En medio de la incertidumbre está la certeza de que el gobierno, ante la adversidad, reforzará el control cambiario y si lo exigen más disminuirá el goteo de divisas a precio oficial para pagar las importaciones.

En algo no escrito coinciden esos enemigos explícitos que son el Presidente y la Vice: una disparada del dólar sería muy mala compañera frente a la elección legislativa.

El Banco Central mantiene a raya al oficial y las miradas se posan en el "contado con liquidación" que viene siendo mantenido a raya ($ 174,28 el viernes) en base a la venta de reservas.

Una brecha del 90% entre el dólar mayorista y el blue marca un límite en términos de expectativa. Si crece, sería difícil pensar en que no impacte en la formación de precios hasta fin de año.

La sensibilidad de los operadores financieros se divide entre los que esperan una oportunidad de compra ante la crisis del gobierno y los que cruzan los dedos esperando que la irresponsabilidad de la política no cause aún más daño a una población azorada por el espectáculo de la pelea por el poder.