Economía

Unidad con Cristina y desafío a la oposición: el plan desde ahora hasta octubre

Unidad con Cristina y desafío a la oposición: el plan desde ahora hasta octubre

Ya no quedan dudas, Alberto ayer las despejó todas. El “albertismo” (sobre cuya existencia o no muchos teorizaron) se fundió ayer en un esquema de unidad del Gobierno que tuvo en el mensaje presidencial casi un acta constitutiva. Alberto Fernández marcó un camino por el que cada una de las posiciones dentro del oficialismo quedó definida, desde lo político hasta lo económico. En imágenes y contenido, el acto de ayer unificó al Presidente con su vice, si es que alguna vez llegaron a tener posiciones tan diferentes. Fue un discurso duro en palabras, definiciones y gestos. Y, al mismo tiempo, un desafío a todo el peronismo a tomar posición en torno a esa imagen que se mostraba al país. Y también un reto, como el que Cristina de Kirchner le propinó desde La Plata a ministros a quienes invitó a dejar el cargo si no gestionaban, a propios y opositores.

Alberto F. ayer se paró en la misma posición, tanto cuando marcó el camino que llevará su gobierno en este año electoral como en el ataque a la oposición que tuvo su punto más alto cuando anunció que querellaría penalmente al gobierno de Mauricio Macri por el endeudamiento y el acuerdo que cerró con el FMI. En estrategia combinada ayer por la tarde el Banco Central anunció que ya había girado a la Sindicatura General de la Nación toda la documentación sobre ese acuerdo con el organismo para que inicie la investigación. Hecho inédito: nunca un presidente había querellado penalmente a su antecesor y menos en esos términos duros. “Queremos investigar quiénes han sido los autores y partícipes de la mayor administración fraudulenta y de la mayor malversación de caudales que nuestra memoria registra”, sentenció. Cambiemos deberá ahora decidir si su estrategia pasa por la colaboración y militancia antigrieta que propuso Horacio Rodríguez Larreta en su aislado mensaje ante la Legislatura porteña o si se abrazará al movimiento más duro que alienta Macri en voz de Patricia Bullrich.

El recinto de la Cámara de Diputados, sobre todo, será uno de los campos de batalla que planteó ayer el Presidente para certificar posiciones; los gobernadores son quienes deberán demostrarlas. Alberto F. puso ese esquema en claro al menos dos veces durante su mensaje. El primer paso lo dio cuando le pidió al Congreso que le vote las reformas a la Justicia que hace un año muchos peronistas vienen esquivando en Diputados. En un caso se trata del proyecto de Reforma Judicial que la propia Cristina de Kirchner definió como un paso pero no el cambio definitivo en el funcionamiento de la Justicia, el otro en la reforma al Ministerio Público Fiscal, que sí fue tema central en el Senado.

Otro capítulo en ese ejercicio de realineamiento interno fue la posición ante la Corte Suprema. Tampoco hubo miramientos en el mensaje presidencial: machacó otra vez con el impuesto a las Ganancias que no pagan y anunció la creación de una Corte Federal de Garantías, un tribunal que mediará por debajo del máximo tribunal quitándole causas y competencias. En esa idea volvió a abrazar a los gobernadores, quienes también deberán dar prueba de lealtad en una causa que asoma extremadamente delicada para las Cortes provinciales.

Alberto Fernández mostró ayer el acuse de recibo por el vacunagate. Reconoció “errores” y, aunque sin mencionarlo, no se permitió demasiada piedad sobre Ginés González García. El Presidente debía ir al hueso en ese tema: en el kirchnerismo reconocen que es, por lejos, el escándalo que más comprometió a la imagen del Gobierno. No lo perdonan y Alberto F. explicó ayer que la decisión de apartar a su ministro fue investigada personalmente y tomada en soledad. Hubo una escala, sin embargo, sobre la Sputnik V que sirvió como bálsamo a planteos contra el equipo de Ginés: el Presidente festejó la llegada de más vacunas pero recordó que el número que se envió desde Moscú “es menor a lo acordado”.

Y hasta en lo económico se marcó el camino que le espera al país en este complicado año electoral. Hubo apoyo a la negociación con el FMI; pedido de votar rápido en los recintos los cambios en Ganancias que alivien bolsillos de la clase media (único guiño a Sergio Massa al que el Gobierno le dejó hacer ese gol); convocatoria a mesa de diálogo para calmar precios; moratoria y recategorización a monotributistas y, sobre todo, congelamiento de tarifas por este año. Un menú esencial que marca también que las diferencias ya no existen.

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