Economía

Vacunas exclusivas y para pocos: ¿qué sabe y no dice Beatriz Sarlo?

Vacunas exclusivas y para pocos: ¿qué sabe y no dice Beatriz Sarlo?

Mientras las grandes potencias del mundo plantan bandera sobre lotes inmensos de vacunas y el suministro de dosis contra el coronavirus llega a cuentagotas a los países más débiles, un extraño escenario paralelo comienza a verse desnudo. ¿Qué sabe Beatriz Sarlo? ¿Qué quiso decir? ¿Qué fue lo que denunció a medias la ensayista argentina cuando habló de un canal de vacunación por debajo de la mesa? Un llamado telefónico, dos, tres y ninguna respuesta. Sarlo dijo lo que dijo en medio de un debate televisado y luego se llamó a silencio. Mientras no termine de aclarar sus dichos, sobrevolará sobre su figura la idea de que sabe algo grave y delicado.

Sarlo dijo: “Me ofrecieron la vacuna bajo la mesa y les dije que prefiero morirme ahogada de COVID”. Lo hizo mientras debatían sobre la controversia que generó la invitación de las autoridades de la provincia de Buenos Aires a la vedette Moria Casán para ser inmunizada. No dijo la totalidad de lo que sabe. Apeló a la idea de canal oscuro, de falta de control, de favor político. Decir "bajo la mesa" equivale a hablar de subterfugio, equivale a hablar de una habilidosa vía de escape.

Se puede, entonces, suponer que Sarlo aludió al puñado de datos desperdigados sobre el manejo discrecional que se está llevando adelante al menos con una parte de las pocas vacunas Sputnik V recibidas en Argentina.

Son datos concretos. En primer lugar, abundan los casos de gobernadores que decidieron vacunarse para "dar un mensaje" de concientización a la población. ¿No alcanza, a caso, con que ese mensaje quede encarnado en la figura del presidente y si, se quiere, de la vice? Abundan, además, situaciones más inexplicables. Contornos difusos que terminan por confundir todo con todo. Los intendentes que decidieron vacunarse son muchos y son, sobre todo, imposibles de contar. Pero a modo de caso testimonial está el  del intendente de Pinamar, Sebastián Ianatuony,Yannantuoni, del Frente de Todos, 38 años, sin enfermedades de base. Se vacunó también para dar un mensaje. Su localidad recibió 450 vacunas. ¿Vacunó antes a todos sus empleados de salud? Dijo que sí. Cuesta creerle.

No hay, al menos a primera vista, un registro pormenorizado de la cantidad de vacunas que fueron repartidas en cada distrito del país, del modo en que fueron gestionadas y de quién las recibió. Falta claridad en el manejo de un insumo que escasea y seguirá escaseando.

¿No es en todo caso un modo de altruismo, siendo una autoridad política, vacunarse luego de que lo hagan los médicos y enfermeros que se mantienen todavía en la línea de fuego contra la pandemia? El debate por el manejo discrecional de las vacunas ocurre en todo el mundo. En la Argentina es quizás más rancio. Cayó incluso en manos de la militancia conurbana. Pero el oficialismo debería tomar nota de su aliado ibérico, Pablo Iglesias. El líder de Podemos viene pidiendo de modo insistente la renuncia de todos los funcionarios que se vacunaron por el sólo hecho de representar al poder.

Esos funcionarios, sean españoles o argentinos, ¿tienen además la posibilidad de direccionar a quien vacunar y a quién no? Esa sospecha surge directamente desde el corazón de las palabras de Beatriz Sarlo.

La ensayista no aclaró dónde ocurrió geográficamente la oferta de vacunación vip. Tal vez por eso, haya aparecido en medio del escándalo, el incansable ministro de salud porteño, Fernán Quirós, un funcionario que ha demostrado no ser afecto a involucrarse en polémicas de este tipo: "En la ciudad de Buenos Aires decididamente no, en el resto no te puedo decir porque no estoy seguro. En la ciudad de Buenos Aires no se dan vacunas 'por debajo de la mesa'. Por eso, insistimos tanto en cumplir etapa por etapa", dijo Quirós. Sus dichos están avalados por el dato certero de que en Ciudad todavía no llegó el turno de vacunación para funcionarios.

¿Qué sabe, entonces, Sarlo? ¿Porqué dijo lo que dijo y no dijo más? Ella tiene la respuesta. Es loable rechazar el convite. Pero mejor, finalmente, sería denunciarlo como se debe.