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A Ginés lo echaron por una payasada

A Ginés lo echaron por una payasada

Hace cosas raras este Gobierno. O el Presidente. Ahora nos enteramos de que en plena pandemia echó al ministro de Salud por “una payasada”. Y que por la misma payasada, bajó del avión que lo llevó a México a los jefes de las comisiones de Relaciones Exteriores del Senado y de Diputados, que él mismo había invitado.

En realidad no hizo semejantes cosas por una payasada. Alberto Fernández dice esto porque le fracasó la estrategia para contener el escándalo del vacunatorio VIP y necesita cambiarla. Sin alternativas a mano y más furioso que nunca, vuelve al libreto de siempre: poner las culpas propias en los periodistas, jueces y la oposición. El Presidente peca de creer que inculpando a otros se exculpa.

Intenta convencernos de que lo que pasó no pasó. O que lo que pasó es menos grave de lo que es. No hay que romperse la cabeza: le va a costar mucho vender cambiada una historia que está dando vueltas por todos lados. Ya de entrada no la compró su anfitrión en México, López Obrador. O peor: lo recibió con un “aquí no hay preferencias para nadie”. O sea: los amigos del poder no se vacunan primero como en la Argentina.

Más cerca, el presidente uruguayo Lacalle Pou avisó que se vacunará “cuando le toque” y bien lejos, la primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinta Ardern, dijo lo mismo con otras palabras: “son las personas que están en la primera línea quienes están en el mayor de los riesgos, no yo. Entonces los quiero a ellos protegidos primero”.

Fernández transfiere la transfugada de colar nombres en payasada ajena. Pero si es por payasada, la lista de 70 acomodados que difundió tiene mucho de payasesco. Conviven funcionarios de primera y de segunda con ex funcionarios y con secretarias y empleados y hasta una asistente bailarina.

"Terminemos con la payasada", dijo Alberto Fernández este miércoles en México, al referirse al vacunatorio VIP. Foto EFE

"Terminemos con la payasada", dijo Alberto Fernández este miércoles en México, al referirse al vacunatorio VIP. Foto EFE

¿Cuál es el criterio de esa lista? Ninguno. Hay legisladores y ex legisladores y empresarios y periodistas y algunos o varios con las esposas. Y hasta un par con su grupo familiar completo o casi completo. El de Duhalde incluye al secretario que le atiende los teléfonos. La Biblia junto al calefón.

No hay manera de hacer creer que ese aquelarre es de gente de riesgo o de la nueva categoría que han acuñado para tratar de justificar el privilegio: “personal estratégico”. Así llamó la ministra Vizzotti y el jefe de gabinete Cafiero al procurador del Tesoro, Carlos Zannini, hombre cercano a Cristina si los hay y vacunado con su mujer con una truchada: figuran como personal de salud. El trabajo de Zannini es controlar que el Gobierno no haga truchadas. Se ve que eso no corre para él.

Tampoco hay manera de hacer creer que a esa convocatoria la haya organizado, sólo y aislado, el ex ministro González García, al que intentan cargar la factura completa. Vizzotti habló de sincerar la crisis y Fernández acaba de la desincerarla. Vizzotti hizo toda su carrera con Ginés y cuando el viento cambió, se abrió de Ginés. Ya tiene una sombra: el cristinista Kreplac, dos de Salud en Buenos Aires, llena de truchadas con las vacunaciones. Se recontrasabe pero no está blanqueado y si se blanquea no será por decisión del Gobierno.

No tiene nada de payasesco lo que es gravísimo. Aludir a payasos es una trampa del subconsciente: ya estuvo una payasa en estos temas, Filomena. Faltan vacunas y se posterga a quienes más las necesitan para dárselas a los que pueden y deben esperar. Un clásico K: decidir y gobernar como si el Estado fuera de su propiedad.