Nacional

Atendido nuevamente por su dueña

Atendido nuevamente por su dueña

Esta que termina fue la semana de Cristina. Quedó más claro que nunca: es la que manda en el Gobierno y la que le impone al Gobierno la agenda y el modo de manejar la agenda. Le ordenó a Massa romper en Diputados los puentes con la oposición y en el Senado despejó el camino para sacar de la cancha a tres jueces clave en causas de corrupción que la comprometen.

A medida que Cristina aumenta su poder y es evidente que lo aumenta, aumenta la necesidad de Alberto Fernández de mostrar que no está perdiendo poder y que él es el que manda. El problema es que le está costando cada vez más mostrar que él es el que manda. Está a la vista también que Cristina se mete en los temas que le interesan y le escapa a los que pueden acarrearle costos aunque sean los que más le preocupan a la gente: la crisis económica, la inseguridad, la toma de tierras o las complicaciones de una cuarentena de nunca acabar.

Al primer amague de un acercamiento de Fernández con los empresarios, lo bombardeó y agregó otro conflicto con la estatización de Vicentin que Fernández insistía en que había sido su idea sin convencer a nadie. Al final tuvo que meter la marcha atrás en algo que no había sido idea suya. Auspiciados por Máximo Kirchner le cayeron los Moyano y el abrazo con los Moyano, que devaluó su relación con la CGT. Más puentes rotos o rompiéndose fueron el DNU que interviene las comunicaciones y el que lo unía a Rodríguez Larreta.

Desde que Cristina atacó a Larreta, Fernández ya no puede decirle amigo.

- ¿Sigue siendo su amigo?, le preguntaron Bonelli y Alfano. Respuesta de Fernández:

- Yo le tengo mucho afecto, no pensamos igual, pensamos muy distinto, está claro que no somos lo mismo. La pregunta no había sido si pensaban lo mismo sino si seguían siendo amigos. Y la respuesta cantada: nada que enojara a Cristina.

Con escándalo, Cristina volteó un principio de acuerdo de Massa con la oposición para sesionar. Ganó el absurdo de considerar presentes a los que estaban en línea y ausentes a los que estaban en el recinto. Para ser quien es, Cristina necesita mantener el conflicto y sacar las cosas a como sea. Al Gobierno no le alcanzan los votos en Diputados. Agrega ocho con los del bloque del mendocino Ramón, que armó Massa como una especie de pyme al servicio del oficialismo y otros seis que le roba al bloque lavagnista. Ahí la llave la tiene el gobernador Schiaretti, que en Córdoba vocifera contra Cristina y en la Cámara la acompaña en silencio. Con esos votos, el cristinismo logró sacar la moratoria especial para Cristóbal López y la ampliación del presupuesto con el artículo que dolarizó títulos en pesos de los fondos Templeton y Pimco. Schiaretti dice que no votará la reforma judicial. Se verá cuando llegue el momento.

También se verá cómo cae en la gente la compra-venta de votos. Dice ahora Fernández: “No veo la hora que la pandemia se termine porque ese día vamos a salir a la calle y va a haber un banderazo de los argentinos de bien”. A Fernández todavía le están doliendo los banderazos de los argentinos de mal.