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Cobra Kai y la lucha por sostener el interés

Cobra Kai y la lucha por sostener el interés

Cuando Barnie, el personaje interpretado por Neil Patrick Harris en la serie How I Met Your Mother?, afirmaba en 2013 que el verdadero héroe de Karate Kid no era Daniel LaRusso (Ralph Maccio) sino Johnny Lawrence (William Zabka), nadie hubiera apostado a que el chiste llegaría mucho más lejos que la aparición de los mismos protagonistas en un episodio antológico. Pero los argumentos de Barnie eran muy ingeniosos y, sobre todo, sólidos. Así es como, cinco años después, YouTube Premium estrenó Cobra Kai, su primera serie original, inspirada en aquella escena y en el discurso de Barnie, que revolucionaba el sentido de aquel hit de los años ochenta cambiando el punto de vista del relato. Y funcionó. La idea de alterar y oponer las características de los personajes adultos a las del pasado adolescente del filme de 1984 le dio una nueva vida y, sobre todo, buenas ideas, que iban mucho más allá de subirse a otra montaña rusa de pura retromanía. Está claro que quien más iba a disfrutar de Cobra Kai serían los conocedores de la película original, pero la serie supo administrar –con un montaje ágil basado en flashbacks certeros– la información necesaria para complementar la actualización de aquellos viejos personajes.

Así, la primera temporada presentaba a Johnny en una realidad distinta a la de 34 años atrás: ahora vivía en los barrios bajos de la ciudad, apenas subsistía haciendo changas y al borde de la inestabilidad emocional constante. Por su lado, Daniel dejó atrás su pasado de carencias para convertirse en un empresario exitoso, mientras intentaba mantener en equilibrio el ideal de familia tradicional. La vieja máxima de que los opuestos se atraen: ambos cruzarán caminos, revivirán antiguos demonios y fundarán, claro, un dojo de karate con el que volverán a enfrentarse.

La segunda temporada, estrenada un año después en abril de 2019, conservaba la frescura y el humor, aunque sin la sorpresa inicial, e incorporaba un plus de dramatismo al profundizar en los hijos de cada uno de los protagonistas, y sobre todo al presentar al tercer personaje fuerte de la serie, John Kreese (Martin Kove), quien en el pasado había sido el sensei de Johnny.

La nueva temporada de Cobra Kai pierde algo de fluidez en el ritmo y su dinámica comienza a ser más fraccionada.

La nueva temporada de Cobra Kai pierde algo de fluidez en el ritmo y su dinámica comienza a ser más fraccionada.

Si bien ambas temporadas funcionaron muy bien, fue a partir de la adquisición de los derechos de la serie por parte de Netflix a mediados de 2020 que Cobra Kai tuvo una mayor visibilidad, y así se transformó en un éxito extraordinario. No hubo que esperar mucho para su continuación: el nuevo año trajo consigo los flamantes diez capítulos, y con ellos el desafío de mantener el interés de una propuesta que en su afán de abarcar muchas aristas comienza a evidenciar algunas desarticulaciones.

A esta altura, si bien la serie se apuntala en el ida y vuelta entre Johnny, Daniel y el malvado Kreese, el relato multiplica el foco en la pandilla de jóvenes que con el correr de las temporadas fueron ganando peso y recolectando líneas dramáticas. Con todo, el ritmo pierde algo de fluidez y su dinámica comienza a ser más fraccionada, saltando de conflictos y de tonos, de acuerdo a quién es el personaje que llena la pantalla en ese momento.

Está claro que lo que mejor le puede pasar a la serie es que descanse en la calidez de Johnny –la redención y revelación como actor de William Zabka, que sigue entregando los mejores (y más graciosos, y más emotivos) momentos–, y en su disputa eterna con Daniel, que acá tomará un nuevo desvío. También gana en apostar otra vez a revisar el pasado, ya sea ampliando el universo de Karate Kid, con la recuperación de viejos personajes (algunos impensados: el faro de esta tercera temporada es Karate Kid II) o introduciendo una nueva ficción en el pasado de Kreese, para revelar el origen de su impiadoso rencor. El fuerte de la serie, a esta altura, no está en su cohesión narrativa –que sí la tuvo en su primera época– sino en el desparpajo y el ingenio para incorporar nuevos elementos que sigan encendiendo su chispa. A ver qué nos depara su cuarta temporada.