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El peronismo, la carne, las palabras y los hechos

El peronismo, la carne, las palabras y los hechos

“Los peronistas somos como los gatos, parece que nos peleamos pero nos estamos reproduciendo”. La frase del fundador del movimiento encaja justo en esta campaña electoral en la que la intensidad sexual se plantea como un atractivo político… Y también aplica a la discusión pública sobre el cepo a la carne vacuna, sin dudas el gran tema del año para la agroindustria y su relación con el Gobierno.

Los que piden renuncias de ministros son los trabajadores peronistas de los frigoríficos, recuperando un protagonismo sectorial en línea con Cipriano Reyes, el sindicalista de la carne que impulsó el fundacional 17 de octubre de 1945. En los últimos días, eso ha dejado en segundo plano la polarización promovida desde el Frente de Todos entre los consumidores y la supuesta oligarquía ganadera.

En ese contexto, se siguen diciendo muchas cosas, abundan las palabras. “No hay cepo”, dijo el ministro de Desarrollo Productivo de la Nación, Matías Kulfas. Habría que ver cómo prefiere llamar a las restricciones exportadoras establecidas en diversos decretos y publicadas en el Boletín Oficial. ¿Cómo se debe denominar a la limitación, primero total y ahora parcial, respecto de los volúmenes embarcados el año pasado?. Y ¿con qué término habría que bautizar a la prohibición de vender al exterior 7 cortes bovinos hasta el 31 de diciembre.

Los hechos hablan por sí mismos. “El consumo de carne vacuna en el mercado interno argentino cayó 6,5% durante los tres meses del cepo, y las exportaciones se redujeron 21%, reflejó la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR).

La clave no está en las palabras –aunque lleven la firma y el sello del Presidente de la Nación- sino en la situación real, que en este caso es un escenario de varios meses de incertidumbre sobre un sector productivo que reclama señales claras para seguir trabajando. No es muy difícil de entender. Cualquiera que tenga un proyecto serio, de cualquier cosa, sabe que la previsibilidad, la luz en el horizonte, es fundamental para seguir adelante. Lo contrario lleva al estancamiento, a la desorientación, en el mejor de los casos, porque a mediano plazo suele aparecer el retroceso.

Kulfas también afirmó que “no hay despidos”, saliendo al cruce de lo declarado por Daniel Roa y José Viñuela, del Sindicato de la Carne de Santa Fe. En tanto, los empresarios del sector no se plegaron a la danza de números y, tal como informó Clarín oportunamente, indicaron que no hay una ola de despidos. Sí se reconoció que en algunas plantas de faena no se renovaron contratos de operarios, quienes si no hubiera cepo seguramente hoy tendrían trabajo.

Desde el consorcio ABC de exportadores de carne vacuna aseguraron que “no se registraron despidos en ninguno de los frigoríficos asociados”. Pero advirtieron que la perspectiva es sombría. “En el corto plazo, las empresas frigoríficas deberán adoptar medidas más severas para ajustar el nivel de actividad”, dijeron esta semana, tras la prolongación de las limitaciones, y asumieron que “impactará sobre los puestos de trabajo y el nivel de remuneraciones de los trabajadores”.

Los dirigentes gremiales criticaron que “los contratos que no se renuevan se multiplicarán. Cada vez más habrá trabajadores cesanteados, vacaciones anticipadas y menos horas de trabajo, todo lo cual reduce el salario de los trabajadores cerca del 50%”.

El mismo cuadro de situación vienen describiendo, y reclamando sin respuestas oficiales, todas las entidades agroindustriales. En ese sentido, vale destacar la sintonía entre empresarios y trabajadores, y cómo estos acusan al Gobierno de “romper algo que funcionaba”. Es una medida “sin sentido, porque cualquier argentino sabe que la carne no bajó de precio, las vacas que sólo consume China se mueren en el campo y los trabajadores cobramos menos o nos quedamos sin empleo”, dijo Roa.

Viñuela subrayó que les da “mucha bronca que nos mientan” y preocupación porque los funcionarios “parecen empecinados con los trabajadores”. Roa se reconoció como peronista y ´lo planteó como legitimidad para pedir la “renuncia de Kulfas y de (Luis) Basterra (ministro de Agricultura y Ganadería) por haber sido los firmantes de la prolongación del cepo”.

Pasaron días, meses… y quedó claro que el objetivo del oficialismo es llegar a las elecciones transmitiendo la sensación de que sus decisiones apuntan que la carne vacuna esté accesible en la mesa de los argentinos. No importa tanto si es así, les basta con echarle la culpa de la inflación a otros. Y tampoco ven grave que haya menos dinero en el bolsillo de miles de trabajadores. Hasta el ministro de Trabajo, Claudio Moroni, se atrevió a minimizar los efectos del cepo.

Y en la misma saga del alarde partidario sobre la intensidad sexual, el presidente de la Nación, Alberto Fernández, dijo: “Los peronistas celebramos a la industria todos los días”. Fue otra manera de jugar con las palabras para pintar una realidad que, al menos en la industria frigorífica, no se refleja en los hechos.