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Estamos mal...pero vamos mal

Estamos mal...pero vamos mal

El Gobierno tuvo un par de recules sonoros y seguidos. El primero de los últimos, que claramente no es el primero: estirar la Sputnik, como una especie de poxipol de un solo pomo, para que las 300.000 módicas dosis que de apuro nos mandó Putin se convirtieran por arte de curanderismo o algo así en el doble.

Alberto Fernández había dicho: “Si todo va bien, podríamos vacunar a 10 millones de personas sobre finales de diciembre”. Está claro, nada fue bien como lo prueba el dato oficial de este viernes: a duras penas hemos vacunado unos 200 mil. En esa especie de biblia que es One World in Data, aparecemos al 13 de enero con 166. 833 dosis aplicadas, lo que nos da vacunando apenas al 0,37% de la población.

Sin embargo, el jefe de los ministros Santiago Cafiero volvió al tono triunfalista de las filminas de Fernández y nos informó con fingida seriedad: “Argentina es uno de los países que más ha vacunado en el mundo”. Y con seriedad de verdad, hay gente que le discute que no.

Nuestra Anmat aprobó dos vacunas: la de Pfizer y la de AstraZeneca. Pero vacunamos con la Sputnik, que es la única que tenemos y que, floja de papeles, la usamos con una autorización especial. Como si nos fuera bien, despedimos con toda pompa otro vuelo a Moscú: con foto de la tripulación posando al pie del avión como si se tratara de San Martín y su ejército cruzando los Andes, para independizarnos ahora del virus.

Otro recule: el maíz. Ahí hubo una cosecha récord de desaciertos y hasta de curanderismo económico. La secretaria de Comercio Paula Español llamó al ministro de Agricultura Luis Basterra porque los productores de pollos querían que los sacaran de los precios máximos por el aumento del maíz. “Hacé algo!”, le ordenó, aunque tiene menos charreteras que el ministro. Y el ministro que tiene más charreteras encepó el maíz.

Previsible 1: rebelión en la granja, justo cuando los precios internacionales suben. Previsible 2: en lugar de aplacar, provocó un sentimiento del tipo sobre llovido, mojado. Ya lo vivimos en los años de Guillermo Moreno, que trabó la exportación de trigo y llegamos a importar trigo pagando el precio más caro del mundo. También hubo que importar asado de Uruguay, después de liquidar el 20% del stock vacuno por la misma razón: limitar las exportaciones. Para colmo de los colmos, la diputada cristinista Fernanda Vallejos compitió con la subministra de Salud Carla Vizzotti y su vacuna estirable. Increíble pero cierto: Vallejos dijo que la Argentina padece “la maldición” de exportar alimentos. Receta infalible para no tener éxito en nada: mezclar ignorancia con soberbia y hasta creérsela .

Las vacunas no se estiran, producir no es una maldición y hacer algo no es hacer cualquier cosa. Nos vendría muy bien empezar por establecer esas diferencias básicas, porque las confusiones son muchas y epidémicas. Por ejemplo: la corrupción es corrupción y los corruptos son corruptos y nada cambia proponiendo sospechosos tribunales a medida. Tenemos virus nuevos y viejos y queremos inventar otros.