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Guzmán pasó de ser estrella a estar bajo fuego amigo

Guzmán pasó de ser estrella a estar bajo fuego amigo

El cepo recargado al dólar ahorro ha sido un manotazo desesperado. El Banco Central solo tiene disponibles 2.700 millones de dólares. Esa es la poderosa razón por la que Martín Guzmán se comió una tremenda mano en su puja con Miguel Pesce, asistido en su rincón por el presidente Alberto Fernández.

Ese ha sido el primer capítulo de la pelea. La segunda ─y tal vez decisiva─ parte se comenzará a escribir esta semana en la que estará en discusión cómo resolver la dualidad monetaria que hace décadas tiene atrapado al país.

Guzmán estaba convencido de que el arreglo con los bonistas tendría un efecto mágico y que el peso, con incentivos, recuperaría atractivos para el ahorrista. Esa visión académica, que compartió en público el Presidente, tiene un problema de base que desconoce la singularidad de la realidad argentina.

El pronóstico del ministro de Economía no se está cumpliendo, se impuso el supercepo, y los exportadores hacen cuenta de la pérdida que tienen entre el valor del dólar y lo que ellos efectivamente perciben. Entonces, si un sector del gobierno está convencido que la única salida para esta anemia aguda de dólares es aumentar la exportación (Pesce, Solá, Kulfas, Massa y otros) deberá diseñar herramientas de promoción con ese objetivo. Guzmán no ha dicho, todavía, nada sobre esto pero no tiene mucho tiempo por que el desequilibrio es de tal magnitud que reclama medidas con urgencia.

El gobierno dice por lo bajo que no apuesta a devaluar por las consecuencias económicas, políticas y sociales, pero si no encuentra soluciones ─es lo que le reclaman a Guzmán con premura─ no la realidad le impondrá ese camino.

Hay otro elemento central que ya se ha devaluado y es la credibilidad del gobierno. Sin recrear la confianza, poco se puede hacer. El cambio permanente de discurso ya ha sido probado por Carlos Menem, con más talento y equipo que el actual.

El discurso no es creíble. Fernández pasó de decir que el cepo era la piedra que trababan la puerta a tratar de convencer a todos que es el aceite que la mueve. Mientras, hacen política con el sistema previsional: el propio Guzmán está asombrado por el nivel de emisión. Son actos incomprensibles, que marcan un marcado divorcio con la situación que vive el gobierno.

Fernández no puede resolver la economía y Cristina Kirchner, absorta en su interés personal de escapar del eventual rigor de la ley, le complica la política. El Presidente no se opone. Su humor regula sus reacciones.

En este clima, la Corte tiene que decidir si irá o no a un choque de poderes con el Senado y el Poder Ejecutivo por el desplazamiento de los tres jueces que juzgan casos de corrupción de la Vicepresidenta. La morosidad de la Cámara donde está el recurso de los desplazados les permite a la Corte cierto juego, pero no mucho. La primera pregunta es si fallarán a favor de los jueces. La segunda, y tan importante como la primera, es si la decisión será acatada por Cristina y Alberto Fernández.

Otra duda crucial en este horizonte de crisis.