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La historia nos permite recuperar el presente y el futuro

La historia nos permite recuperar el presente y el futuro

El presente es vida, el pasado memoria y el futuro ilusión. Ninguno de ellos funciona por separado, ya que el tiempo los hilvana inexorablemente, pero es el presente el que golpea con más fuerza. En palabras de Baldomero Fernández Moreno, “es nada el tiempo contemplado en bruto, lo terrible, Pepito, es el minuto”. ¡Qué decir de este terrible minuto que se dilató por un año y arrojó al pasado nuestras normalidades y anormalidades cotidianas para forzar un presente que nunca había estado en las figuraciones del futuro de nadie!

El encierro forzoso tuvo facetas negativas y positivas, muy diferentes según quién sea el afectado, en función de variables como su temperamento, su salud y su condición social entre otras, por lo cual sería necio cualquier intento de generalizar. “Cada casa es un caso…“ y estas circunstancias dejarán anécdotas e historias para recordar al menos un par de generaciones.

El viejo refrán “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy” rejuveneció cuando las circunstancias impusieron una forma inesperada de vivir que, aún a regañadientes, debió aceptarse y fue prolongándose etapa tras etapa. No llegó el mañana ingenuamente esperado para hacer lo que había quedado pendiente. La sociedad toda espera ansiosamente el final de las restricciones para recuperar sus hábitos y volver a “la normalidad”. ¡Tan vilipendiada cuando es tal y tan querida cuando deja de serlo!

Afortunadamente, la evolución de la situación sanitaria (y el agravamiento de la situación económica) han permitido aliviar la rigidez del encierro. Ya es posible pensar en “juntarse”; una palabra que por un año, estuvo tácitamente prohibida. ¿Qué hay que hacerlo con precaución? ¿Guardando distancias? ¿Usando barbijo? Bienvenidas sean precaución, distancia y barbijo si al menos es posible juntarse… Al enterarse del reinicio de unas visitas guiadas alguien exclamó: “qué bueno saber de espacios que se abren y convocan, entre tanto contexto de enclaustramiento, cierres y precarización del uso del espacio público”. Una reacción que es ejemplo de las ganas con que se espera poder tomar revancha del tiempo transcurrido “guardados en casa”.

En este caso en particular se trata de visitar una cisterna que une la memoria (allí estuvo la casa de Rosas) con la vida, manifestada en forma de los trabajos de consolidación e investigaciones arqueológicas que se están llevando a cabo y la ilusión de implementar allí un museo de sitio. Un espacio y una ocasión en la que se unen el pasado, el presente y el futuro con que se inicia este apunte.

Un motivo, como podría ser otro, para reflexionar acerca del valor de ese tiempo que todo lo hilvana. Tiempo que no sólo es relativo en el sentido de Einstein, sino también en el uso que hacemos de él. Se trata, simplemente, de poner en un platillo de la balanza la porción de ese tiempo que dedicamos a lo mejor de cada uno y de los demás, y en el otro la porción desperdiciada en actividades negativas o inútiles, para reformular actitudes y comportamientos si es necesario, de acuerdo a donde se detenga el fiel de la misma.

Si, al retomar el sendero del retorno a la “habitualidad”, lo hacemos con algo aprendido acerca del valor del tiempo compartido, de la amistad y de la solidaridad, y con la decisión firme de hacer un mejor uso de él, en tanto es memoria, vida e ilusión, el confinamiento no habrá sido en vano.