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La hora del corte en la Corte

La hora del corte en la Corte

Hay una historia tormentosa trabada por donde se mire. Pero aún así también hay algunas cosas más que claras. Una es que con apoyo del presidente, Cristina Kirchner quiere cargarse como sea a tres jueces que tiene atragantados. Otra: que los jueces se resisten y han ido con un per saltum a la Corte. Y la tercera es que la Corte ha quedado metida en un brete.

La noticia del día es que el presidente de la Corte, Carlos Rosenkrantz, decidió sacudir el árbol para intentar resolver el entuerto. Un entuerto que cada vez mete más ruido. Rosenkrantz convocó a los otros cuatro miembros del Tribunal a un acuerdo extraordinario el martes para fijar una posición.

Venían de tener por Zoom otra reunión áspera de más de una hora sin superar las diferencias. Desde semanas atrás discuten cómo pararse ante la ofensiva de Cristina. Rosenkrantz es un jefe con poderes limitados. Una de las pocas atribuciones que le quedan es llamar a un acuerdo extraordinario y es lo que acaba de hacer.

En la mira de Cristina están Leopoldo Bruglia y Pablo Bertuzzi, que la procesaron por los Cuadernos de las Coimas, y Germán Castelli, que debe juzgarla justamente en esa causa que retrata mejor que ninguna la trama de sobornos en la obra pública que montó el kirchnerismo. Con dos se mueve por venganza. Con el otro, en defensa propia.

El argumento de Cristina es que los tres están donde están sin haber pasado como correspondía por el Senado, ahora su feudo. Tiene un problema: los traslados fueron avalados por la Corte porque se trataba de cambios dentro del mismo fuero y del mismo rango. Encima, eso que se hizo durante el gobierno de Macri fue algo que también se hizo durante el gobierno de Cristina. Claro que cuando ella era presidente no tenía estos problemas con la Justicia. Ahora que ha recuperado el poder, se apura para sacarse las causas de encima.

Cristina Kirchner presidió la sesión del Senado en la que la mayoría peronista avaló el desplazamiento de tres jueces que tiene atragantados. Foto Lucía Merle

Cristina Kirchner presidió la sesión del Senado en la que la mayoría peronista avaló el desplazamiento de tres jueces que tiene atragantados. Foto Lucía Merle

La operación comenzó en el Consejo de la Magistratura donde gracias al voto de la consejera Graciela Camaño consiguió que se metiera la marcha atrás con los traslados. El paso siguiente fue que la mayoría peronista del Senado hiciera lo mismo pero peor: la Magistratura había bochado diez traslados y el oficialismo bochó sólo los tres que le interesaban a Cristina. Obsecuencia debida.

No habían pasado 24 horas y el presidente Fernández refrendó por decreto la medida del Senado: Bruglia, Bertuzzi y Castelli debían desalojar sus oficinas. Es el mismo Fernández que llegó al Gobierno con la promesa de despolitizar la Justicia. Ahí arranca otro capítulo de la historia: el de los esfuerzos de los tres jueces por frenar la operación.

En ese camino, hubo una jueza que le ordenó al Senado que no avanzara hasta que ella tomara una decisión. ¿Y qué hicieron los senadores cristinistas? No la acataron. Después, Casación le hizo otro guiño a Cristina por 3 votos contra 2. El Gobierno ya tenía dos votos de juezas kirchneristas. El que desempató fue un juez que no hace mucho estuvo cerca del macrismo. La próxima estación es la Cámara en lo Contencioso, donde uno de los tres que debía fallar se excusó porque él también es un camarista trasladado.

¿Qué puede pasar en la Corte? A la mayoría le gustaría que los jueces sigan donde están pero no hay acuerdo en que la vía sea el per saltum. Con Cristina en el medio, están en una encerrona: rechazar el per saltum los pegaría a Cristina. Y como esto se va a saber, lo que hagan también lo va a saber la sociedad.

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