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Las Heras, el líder de la primera rebelión estudiantil

Las Heras, el líder de la primera rebelión estudiantil

El Real Colegio de San Carlos o Carolino, ubicado al lado de la iglesia de San Ignacio, en el solar que hoy ocupa el Colegio Nacional de Buenos Aires, debía su nombre a un tributo de gratitud al rey Carlos III, bajo cuyo gobierno se estableció en 1773, sobre la base del antiguo colegio grande de los jesuitas expulsados.

En 1783 había sido reorganizado como convictorio, es decir, con un régimen de internado para los alumnos. Los estudiantes debían ser, por reglamento, “de la primera clase, hijos legítimos que sepan leer y escribir suficientemente y cristianos viejos, limpios de toda mácula y raza de moros y judíos”.

El colegio admitía estudiantes en carácter de oyentes (“copistas” se los llamaba, para diferenciarlos de los “colegiales” pupilos), que solo tomaban sus lecciones y regresaban luego a sus casas.

Mariano Moreno cursó sus estudios de gramática latina, lógica y teología en esta condición, seguramente porque su padre no estaba en situación de afrontar los gastos que demandaba ser residente en el establecimiento.

Juan Gregorio de Las Heras llegó a convertirse en general e integrante de la mesa chica del Ejército Libertador comandado por San Martín. / Archivo

Juan Gregorio de Las Heras llegó a convertirse en general e integrante de la mesa chica del Ejército Libertador comandado por San Martín. / Archivo

El plan de estudios del colegio había sido preparado por un hombre “ilustrado”, el padre Juan Baltasar Maciel, quien propiciaba una renovación de la enseñanza.

Manuel Moreno, el hermano de Mariano, señalaba que el Colegio de San Carlos era administrado por un cura que ejercía como rector, administrador y custodio de la buena conducta de los colegiales.

Felipe Pigna

Historiador

“Son educados para frailes y clérigos –dice Manuel– y no para ciudadanos (…) estando reducidas sus lecciones a formar de los alumnos unos teólogos intolerantes, que gastan su tiempo en agitar y defender cuestiones abstractas sobre la divinidad, los ángeles, y consumen su vida en averiguar las opiniones de autores antiguos que han establecido sistemas extravagantes y arbitrarios sobre puntos que nadie es capaz de conocer.”

Finalmente señala que lo más interesante, como el aprendizaje de lógica, física natural y experimental, ética y metafísica, se dejaba para el final pero también señala que la enseñanza de esas materias estaba viciada de escolasticismo y los profesores se empeñaban en defender doctrinas ya perimidas en Europa y pasaban por alto los nuevos descubrimientos científicos. Atribuía el lamentable estado educativo del colegio a la ignorancia promovida por la Corte de Madrid y al mantenimiento de los establecimientos educativos en manos de religiosos conservadores.

Biografía del general Las Heras escrita por el historiador Félix Luna. / Archivo

Biografía del general Las Heras escrita por el historiador Félix Luna. / Archivo

Algunos alumnos del Colegio de San Carlos mostraban un espíritu poco afecto a la sumisión. El 28 de mayo de 1796, un grupo de “colegiales” se amotinó por las malas condiciones de alimentación y la reiteración de castigos corporales aplicados por los celadores, a los que tomaron de rehenes. Reunieron armas y resistieron a balazos a una delegación de la Audiencia que llegaba a parlamentar en nombre del virrey.

Los acaudillaba un muchacho de 16 años, Juan Gregorio de Las Heras, futuro general e integrante de la mesa chica del Ejército Libertador comandado por San Martín, y entre los “revoltosos” se encontraban Bernardino Rivadavia, Antonio Sáenz, Manuel Dorrego, José Rondeau y Estanislao Soler. Fue la primera “toma estudiantil” registrada en el Río de la Plata, que el virrey Melo sofocó con tropas del Regimiento Fijo de Buenos Aires.

Mariano Moreno era por entonces un muchachito retraído y no participó de esa “asonada” de los pupilos. Era un excelente alumno que hablaba muy bien el latín. También se destacaba en teología y fue elegido para disertar sobre las conclusiones del curso de filosofía. Había nacido la pasión por la lectura y el estudio que lo acompañaría durante toda su corta vida.

E.M.