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Lázaro Báez no estaba para robar sólo para él

Lázaro Báez no estaba para robar sólo para él

Si hay una escena de la corrupción kirchnerista que compite codo a codo con los bolsos voladores de José López es la de los hijos de Lázaro Báez contando y apilando fajos de dólares en una cueva de Puerto Madero, a la que le calzó redondo el nombre de La Rosadita. Es una imagen del 2012 que en estos días ha vuelto potente con los 12 años de cárcel que le dieron al hombre que gracias a los Kirchner pasó de empleado bancario raso a contratista del Estado multimillonario.

La investigación consumió cuatro años y acumuló una montaña de pruebas. Un protagonista central de la historia es el arrepentido Fariña, también condenado y que contó cómo fue la operación de lavado. Fariña dijo sin vueltas que Báez era testaferro de los Kirchner.

Los fundamentos del fallo explicarán las maniobras y se conocerán en un par de meses. Hay algo que ya está claro: si hubo lavado de dinero es porque había dinero para lavar. Báez se convirtió en empresario un mes antes de que Kirchner llegara al poder. Fundó Austral Construcciones, compró otras empresas y cartelizó la obra pública de Santa Cruz de tal modo que ganaba todas las licitaciones. Y para que no hubiera ruido, compartía el negocio con otras constructoras.

Se hizo muy rico: sólo a Suiza fugó al menos 55 millones de dólares a través de Panamá y el Caribe, que volvieron por el Helvetic Group blanqueados como supuestos aportes de un nuevo inversor. El fiscal Marijuan identificó unas 400 propiedades a su nombre de las que apenas tenía declaradas 26. Nadie de la AFIP había sospechado nada. Ninguna rareza: era un coto kirchnerista. Peor fue lo de la UIF, que investiga el lavado de dinero: se abrieron expedientes que el kirchnerismo no demoró en cerrar.

Al igual que López, Báez no estaba para robar sólo para él. ¿Cómo lo hacía? Podría empezar a saberse si en los fundamentos del fallo los jueces desnudan el origen de los fondos. Leandro, uno de los hijos de Báez, ya adelantó: “En ese delito precedente está Cristina”, que comparte con Báez la súper causa de la obra vial de Santa Cruz. Están probados sobreprecios y obras facturadas sin finalizar, aunque Báez cobró hasta el último peso antes de que los Kirchner dejaran el Gobierno.

Cristina intenta en la Corte bajar la causa con el argumento de que el delito ya fue juzgado en Santa Cruz o, al menos, postergarla con otro pedido: el peritaje de todas las obras cuestionadas. O sea, un peritaje interminable. Hace dos años que ese recurso espera turno.

De la misma semana de los 12 años a Báez es la ofensiva kirchnerista para jubilar unos 200 fiscales y jueces, entre ellos el que abrió el caso del escándalo con las vacunas VIP. Una intimación intimidatoria. El senador Parrilli dice que la condena a Báez fue un acto discriminatorio porque Báez es morocho. ¿Y quién dice que Báez es morocho? El discriminador Parrilli. Zaffaroni, otro que no desaprovecha la oportunidad de quedar bien con Cristina, alienta una pueblada contra la Justicia justo ahora que la Justicia hace justicia. El relato K ya huele a rancio pero conviene tomárselo en serio.

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