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Lo bueno de ser vulnerable

Lo bueno de ser vulnerable

Entre las muchas cosas que la pandemia vino a dejar en claro, de una manera brutal e incontestable, esa es nuestra fragilidad. Un simple virus fue capaz de poner en jaque al mundo entero, echando por tierra cualquier atisbo de omnipotencia, global o individual, y tiñendo de incertidumbre presente y futuro.

Cuesta aceptar lo que implica nuestra condición humana: somos mortales, impotentes, vulnerables. Todos y cada uno.

Profesora e investigadora en la Universidad de Houston, Brené Brown pone el acento en este último punto, y encuentra un beneficio en la vulnerabilidad, al menos en uno de sus aspectos.

Responsable de una charla TED viralizada al infinito, Brown sostiene que vulnerabilidad y valentía van de la mano, y hasta arriesga que se puede medir el coraje de una persona a través de su capacidad para ser vulnerable. “No se puede ser una cosa sin la otra”, enfatiza.

Impactada por una frase de Theodore Roosevelt, que otorga el reconocimiento a quien más allá de todo se esfuerza, se equivoca, se anima y tropieza una y otra vez, Brown impulsa a despojarse de la “armadura” y mostrarse como uno es, con miedos, imperfecciones y dudas.

En las antípodas de cualquier pretensión de perfeccionismo y control -características que, asume, marcaron su vida- , ella exhorta a abandonar el mito de que ser vulnerable es ser débil. Y pone el acento en otras cualidades: la incertidumbre, el riesgo, la exposición emocional.

Ser capaz de intentar lo que sea sin tener garantizado ningún resultado. Animarse a decir lo que se siente, a despecho de qué pase después de la confesión. Arrepentirse de haber hecho, antes que de no haberlo intentado. No hablar de ganar o perder, sino de hacer. No quedarse ni con las ganas, ni con las dudas.