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Los docentes que temen al covid... y al calor

Los docentes que temen al covid... y al calor

Los organismos serios dicen cosas como esta: "Hay consenso general en que la decisión de cerrar escuelas para controlar la pandemia de covid debería utilizarse como último recurso " (Centro Europeo de Control de Enfermedades).

Sin embargo, hay dirigentes sindicales docentes que dicen cosas como esta: "No van a empezar las clases con 30 chicos el 17 de febrero, porque la gente no se suicida masivamente" (Eduardo López, secretario gremial de Ctera).

No sorprende. Los gremios docentes criollos militan activamente contra la vuelta a clases desde que se empezó a hablar de esa posibilidad el año pasado, una vez que en el mundo se entendió que, salvo en casos puntuales y siempre por lapsos determinados (como sucede ahora en Gran Bretaña), tener las aulas abiertas con los correspondientes protocolos no sólo no era un problema epidemiológico, sino que era necesario para la salud mental y física de los chicos, además de esencial para el futuro de los países.

Lo hacen por dos motivos. Uno es su defensa corporativa, que los sigue haciendo proclamar que no retomarán el trabajo presencial hasta no estar vacunados contra el coronavirus, privilegio que no han tenido médicos, cajeros de supermercados, bancarios, policías, mozos o trabajadores de cualquier otro rubro. Pero segundo, y más importante, está su posición política: el primero en impulsar la vuelta a las aulas fue el Gobierno porteño. Suficiente como para activar la grieta en su máxima extensión.

Por eso sus críticas van todas contra la idea porteña de arrancar el 17 de febrero. En la Provincia se habla del 1 de marzo y no se escuchan los mismos corcoveos. Obvio, en esos pocos días de diferencia no cambiará la curva de contagios, pero sucede que Kicillof es del palo. Lo importante no es qué les pasa a los chicos que quieren empezar primer grado y aprender a leer, o terminar quinto año y prepararse para la facultad. Lo importante es que Rodríguez Larreta no pueda colgarse la medalla de haber sido él quien llevó de vuelta los alumnos a las escuelas y por eso UTE-Ctera ya anunció que el 17 hará “retención de tareas”. Es año electoral.

El detalle es que a esta altura, tras un año perdido, la mayor parte de los padres parecen preferir que los chicos vuelvan a estudiar de una buena vez. Según un relevamiento de la consultora trespuntozero, realizado pocos días atrás en Provincia, el 62,3% de la gente está de acuerdo o muy de acuerdo en que los alumnos retomen las clases presenciales (en la encuesta aparece otro dato muy interesante: la mitad teme que con la vuelta a las escuelas aumenten los contagios y la otra mitad no, pero lo llamativo es que de los que tienen temor, el 72,8% votó a Fernández-Fernández, y de los que no tienen temor, el 72,9% votó a Macri-Pichetto: dime a quién votaste y te diré a qué temes).

Por supuesto, Juntos por el Cambio busca sacarle rédito a haberse adueñado de la iniciativa. Nadie dejaría pasar una oportunidad así. Por eso prepara una serie de actos en todo el país el 9 de febrero. No casualmente, un día después de la fecha en que los docentes porteños han sido convocados a presentarse en sus escuelas.

Por las dudas, por si le faltaba barro a la cancha, López puso este lunes sobre la mesa una nueva dificultad que no figuraba hasta ahora en la larga lista de sus reclamos, que incluía hasta designar una persona exclusiva para higienizar los baños en cada escuela. El gremialista acusó al gobierno porteño de implementar una "pedagogía de la crueldad" por querer "meter a 30 chicos y un maestro que va rotando por burbujas en un aula con 30 grados de calor un 17 de febrero". Ahí sí que se acaban las discusiones. Porque ahora hace calor y en invierno hará frío. Por suerte, siempre nos quedará la primavera.

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