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Medidas que atentan contra la confianza del productor

Medidas que atentan contra la confianza del productor

Una semana muy difícil. El gobierno no encuentra el rumbo y da abruptos golpes de timón en medio del temporal. Cabe el viejo adagio marinero: ningún viento es bueno para el que navega sin rumbo.

Mientras el presidente del Banco Central salía a los gritos diciendo que hacen falta dólares y que hay que exportar, el nuevo paquete de medidas cambiarias e impositivas va en rumbo contrario. Señores, acá no va a entrar un solo dólar destinado a inversiones para expandir la producción exportable. Es más: no van a entrar los dólares que están ahí, al alcance de la mano, porque la desconfianza hace crecer la iliquidez.

Hechos. Más de la mitad de la cosecha de soja está sin vender. Es inédito a esta altura del año. Son 25 millones de toneladas, por un valor de 8000 millones de dólares FOB. Lo que vendieron (sumando los otros productos, como los cereales) fue para cancelar deudas de la campaña, y un poco para aprovechar la bolada de los créditos en pesos, con tasa subsidiada, que se ofrecen para la compra de maquinaria agrícola. Esos créditos no son por el cien por ciento del equipo, así que el negocio es vender un silobolsa para pagar el 30% y el resto se financia a dos, tres o cuatro años.

Por eso la sorpresa del buen ritmo de la industria metalmecánica del interior, que tiene vendida toda la producción hasta prácticamente fin de año. No se debe confundir esto con un efecto de reactivación. Es huir hacia adelante. Como siempre. Pero todo tiene un límite.

Lo primero que se notó, cuando se conoció el paquete de medidas, mientras al mismo tiempo arreciaba el embate legislativo con el impuesto a la “riqueza”, fue que los productores se retiraron totalmente del mercado. Nadie vende nada. Y máquinas para comprar no hay. Los insumos para la gruesa se bicicletean todo lo posible, en la inteligencia de que al final del día estarán atados al valor del producto. Pero si no venden, no entran dólares. En lugar de generar confianza, estas medidas atentan contra el normal desenvolvimiento de todas las actividades, en primer lugar la exportación.

Y es una pena porque los precios internacionales pegaron un lindo respingo el último mes. Una sequía de fin de ciclo atraviesa el Medio Oeste de los Estados Unidos, con la soja en plena maduración. China se reveló muy activa, con compras impensadas de maíz, soja y sorgo. No es viento de cola, es una brisa y habría que aprovecharla. Pero no. Metemos la interferencia cambiaria y todo cruje. Los productores desensillan hasta que aclare.

Algunos echaron leña al fuego anticipando que iba a trabarse la importación de insumos. Fuentes consultadas indicaron que esto, al menos en estos primeros días del nuevo cepo, no ocurrió. Se repite lo que ocurrió en abril, cuando el Banco Central trabó por un tiempo la entrega de dólares comerciales a los importadores. Pero el agua no llegó al río.

Ahora la situación es más delicada, porque las reservas siguieron bajando a pesar de la fuerte liquidación de divisas entre mayo y agosto (8.000 millones de dólares, para un total de 13.300 en lo que va del año). Para afrontar la crisis, la idea fue obligar a no cancelar los créditos para prefinanciar las exportaciones, en general otorgados por bancos de primera línea. Un cepo adicional, en el marco de la mentada escasez de oferta.

Es probable que vengan otros experimentos. El Consejo Agroindustrial, creado hace pocos meses, y que reúne a todas las cámaras y organizaciones de la actividad más competitiva y generadora de divisas genuinas del país, mantuvo esta semana una reunión con altos funcionarios de la Afip. Allí plantearon su batería de 18 medidas para reactivar y “encender el motor de la economía”, que es lo que declama el presidente Alberto Fernández. Es muy parecido a lo que el Informe 84 le propuso al gobierno de Alfonsín hace 35 años, cuando se caía a pedazos. Aligerar cargas, soltar amarras. No lo tomó. Seguramente, ahora tampoco.

Habrá que seguir remando.