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Remar en el Nilo, un espacio de paz en el medio del caos de El Cairo

Remar en el Nilo, un espacio de paz en el medio del caos de El Cairo

EL CAIRO — El atardecer es cuando el Nilo cobra vida en El Cairo, con los barcos de fiesta brillando, las parejas en el puente Qasr el-Nil gozando y los cafés junto al río tintineando con comercio.

A las 6 de la mañana, cuando todos los demás se han ido a casa, los remeros salen a un El Cairo que pocos conocen: sin tráfico, sin multitudes y poco caos. Incluso los pájaros se escuchan a esta hora de la mañana.

“Estar en el agua temprano en la mañana, donde no piensas en nada más que en seguir a la persona que tienes adelante, te transporta de la ciudad”, dijo Abeer Aly, de 34 años, fundadora de la Nile Dragons Academy, una escuela de remo en el centro de El Cairo.

La demanda por clases de remo en El Cairo ha crecido en la pandemia. Haciendo calentamiento.  Foto: Sima Diab/ The New York Times.

La demanda por clases de remo en El Cairo ha crecido en la pandemia. Haciendo calentamiento. Foto: Sima Diab/ The New York Times.

Hoy los problemas de Aly no incluyen una falta de negocio. Apenas unos años después de abrir la escuela en 2013, tenía una lista de espera de cientos de personas; ahora hay tantos cairotas interesados en el remo amateur que media docena de centros de deportes acuáticos ofrecen clases a lo largo de la margen del río.

El Nilo dio a luz a la civilización egipcia hace miles de años, sus aguas limosas otorgando riquezas agrícolas que construyeron un imperio y aún lo sustentan. El agua del Nilo fluye de los grifos y produce el alimento. Pero las mañanas en el río son lo más cerca que la mayoría de los remeros han llegado al cuerpo de agua.

En gran parte del centro de El Cairo, los clubes y restaurantes privados construidos en los últimos 40 años en la margen del río o estacionados permanentemente en barcazas han ocultado al Nilo de todos, salvo de los que pueden pagar. Muchos sitios destacados son propiedad de organizaciones castrenses, policíales o judiciales.

Algunas partes de la costera aún permanecen abiertas para caminar, y en los barrios pobres de El Cairo y otras partes de Egipto, la gente va al Nilo a nadar, pescar y, si no tienen agua corriente, lavar los platos, la ropa y los animales.

Los europeos que dominaron Egipto a principios del siglo 20 fueron los primeros en establecer clubes de remo modernos a lo largo del Nilo. En la década del 70, el gobierno organizó regatas que atrajeron a los mejores remeros de Europa y Estados Unidos.

Hoy, las clases de remo cuestan entre 7 y 13 dólares la hora, fuera del alcance de la mayoría de los egipcios. Pero para los jóvenes profesionales y las familias de clase media alta que pueden permitírselo, el remo se ha convertido en un nicho de rápido crecimiento.

Las redes sociales han ayudado, al igual que la pandemia: ScullnBlades recibió el doble de suscripciones después de la llegada del coronavirus, por ser al aire libre.

“No era accesible hasta hace poco”, dijo Emma Benany, de 31 años, quien cofundó Cairow, una academia de deportes acuáticos en el barrio de Dokki. Cuando comenzó a remar en 2011, casi no encontró lugar para amateurs.

“Antes le tenía miedo al Nilo”, dijo Mariam Rashad, entrenadora en Cairow. “Ahora siento que el Nilo es una parte importante de mi día”.

© 2021 The New York Times