Nacional

Restaurante Picarón, en Chacarita: buenos platos a un precio accesible

Restaurante Picarón, en Chacarita: buenos platos a un precio accesible
Document

Picarón

Cocina de instinto

Dorrego 866, Chacarita, CABA

HorarioLunes a sábado de 9 a 19 hs.

Instagram@picaron.ba

Precio promedio por persona

Maximiliano Rossi es un chef con mucha experiencia. Su currículum indica claramente dos cosas. La primera es que siempre está vinculado a situaciones que expresan una cocina de alta calidad. La segunda es que es un cocinero transversal que evidentemente se siente cómodo navegando -con éxito- vertientes culinarias y tipologías de comidas absolutamente distintas entre sí. Lo demuestran con mucha claridad sus excursiones en diversos emprendimientos gastronómicos entre los cuales Big Sur (comida callejera de calidad), Unik (alta cocina) y Sacro (vegano).

La fachada del restaurante Picarón, en Chacarita. Foto: Picarón.

La fachada del restaurante Picarón, en Chacarita. Foto: Picarón.

No sorprende entonces que la última criatura de Rossi tenga una connotación abierta y sin anclajes específicos a modelos culinarios aprisionados por un chaleco de fuerza. “Tenía ganas de armar un espacio el cual el cliente encontrara la cocina que surge a partir de mis anhelos cotidianos, sin dogmas y con calidad. Una cocina de impulso, visceral, de estado de ánimo, de memoria y de recetas que me gustan y quiero compartir. Inspiraciones étnicas, cocina del país y buenos productos. Me gusta la idea de ofrecer platos chicos a un precio accesible para que el comensal tenga ganas de probar muchas cosas. De hecho la idea es que no se levante de su mesa sin haber probado tres opciones”. Son palabras del chef que explican claramente el eje de su fórmula.

El ámbito elegido es un lugar moderno, esencial, informal y bien iluminado. La cocina (abierta) permite el contacto visual con los comensales. Alejandro, Florencia y Luciana son los integrantes del equipo que acompaña a Rossi. La carta, muy bien estudiada, se divide en opciones frías, calientes, platos del día y postres. Las propuestas se expresan en porciones de tamaño intermedio cuya dimensión remite a la idea de la ración española. Muy buen negocio para el comensal considerando los precios, muy razonables.

Buñuelos fritos de batata. Foto: gentileza restaurante Picarón.

Buñuelos fritos de batata. Foto: gentileza restaurante Picarón.

El aguachile verde con melón y truchón presenta un balance notable. El “caldo” verde y frío es gratamente ácido y de picor profundo. Hospeda pequeñas láminas de truchón que envuelven a su vez cubitos de melón dulce y maduro. Contrastes refrescantes y veraniegos.

Otro capítulo: los picarones. Muy tentadores. Pequeños buñuelos fritos de batata. Dorados y esponjosos. Salen acompañados por una rebanada de potente nduja calabresa y miel especiada de mascabo. Combinación acertada. La interpretación del vitel toné renuncia al peceto que cede su lugar a la bondiola ahumada cortada en láminas delgadas. La salsa es sedosa y elegante. Papas rejillas en miniatura, fritas y crocantes, se suman al juego.

Pavlova con maracuyá. Foto gentileza Picaron.

Pavlova con maracuyá. Foto gentileza Picaron.

El tamal de lengua de cerdo revela un recado suculento y sutil protegido por la masa de maíz nixtamalizado y la chala. Los porotitos negros que acompañan son bien latinos, tiernos y cremosos. Los anillos de cebollas encurtida aportan su esencia agridulce. La salsa macha es una gran invitada que se suma al festín. Cierre dulce con una impecable pavlova abierta con corazón cremoso de maracuyá acompañada por gajos en miniatura de durazno maduro y hojas de albahaca.