Política

La crisis cambiaria tiene raíz política y el campo es la respuesta

La crisis cambiaria tiene raíz política y el campo es la respuesta

Las limitaciones macroeconómicas que experimenta la Argentina actual (brecha cambiaria de 103% provocada por una monumental huida del peso moneda nacional, fundada en un déficit fiscal de 8% del PBI) se resuelven inexorablemente a través de una crisis –que es la súbita irrupción de lo nuevo-, y lo hace siguiendo las tendencias de fondo de la economía nacional (necesidad de multiplicar las exportaciones como única forma de conseguir dólares genuinos para enfrentar y resolver la crisis del sector externo, que es la causa estructural de la crisis argentina).

Este objetivo tiene un significado inequívoco: consiste en impulsar plenamente el extraordinario potencial productivo del sector agroalimentario -uno de los tres primeros del mundo-, en todos sus niveles, desde la producción primaria hasta el fenomenal despliegue de capacidad científica y tecnológica de Bioceres.

El que quiere el fin, quiere los medios. Por eso hay que disminuir, y en el límite eliminar las retenciones; y reconocer el carácter bimonetario de la economía argentina, permitiendo que los productores acumulen el precio pleno de la soja –hoy a U$S 400 la tonelada en el mercado de Chicago- en títulos ligados al dólar estadounidense. Nada de esto tiene un significado ideológico, ni surge de un debate de escuelas doctrinarias. Es la expresión de la realidad de las cosas; y la realidad siempre tiene razón.

La raíz de la crisis cambiaria no es cambiaria. Es la consecuencia directa, sin mediaciones, de la virtual desaparición de la autoridad presidencial en un país hiperpresidencialista por necesidad como es la Argentina.

El sistema político argentino es débil, golpeado en sus raíces por una crisis de representatividad, que intenta conducir con suerte variada y de forma intermitente una sociedad intensamente movilizada y de alta nivel de politización, donde todos los sectores sociales sin excepción llevan sus reivindicaciones a la vía pública, por afuera de las instituciones.

El hiperpresidencialismo no es una muestra del autoritarismo innato de carácter genético de los mandatarios argentinos, sino una muestra manifiesta e inequívoca de su profunda y raigal debilidad.

Por eso el sistema político argentino concentra el escaso poder del que dispone en la presidencia de la Nación, por definición hiperpresidencialista.

De ahí que el resultado inmediato del debilitamiento y desaparición de la autoridad presidencial sea un brutal vacío de poder con la parálisis de toda la estructura de decisiones y una desarticulación generalizada y altamente conflictiva del sistema.

La consecuencia de este hecho estructural es que todos los problemas se tornan insolubles, y hay una percepción generalizada de una inminente catástrofe más allá de los datos objetivos.

Es evidente que ya se ha ingresado en el terreno –percepción- de una inminente devaluación masiva, que lleva a la crisis política - vacío de poder hacia un punto de inflexión.

Esto implica la reconfiguración del poder presidencial en la etapa post-devaluación, que se funda en un programa sistemático de multiplicación de la exportaciones y con un respaldo inequívoco al sector agroalimentario, hoy encarnado en el Consejo Agroindustrial Argentino.

Dos conclusiones provisorias: el que quiere el fin, quiere los medios; y aumentar las exportaciones exige impulsar al sector agroalimentario. Y en segundo lugar hay que advertir que no hay ninguna catástrofe a la vista, porque la economía mundial crece más de 30% en el tercer trimestre del año y Estados Unidos se expande entre un 34% y un 36% en este periodo, según la Reserva Federal de Atlanta y Goldman Sachs.

China ha recuperado en el tercer trimestre del año el boom de consumo que la caracterizó en la etapa pre-pandemia (U$S 6,9 billones). De ahí su reaparición en gran escala en el mercado mundial en los últimos 6 meses, con el precio de la soja a U$S 400 la tonelada en Chicago como consecuencia directa.

Hay que agregar a este contexto que el mundo experimenta ahora las tasas de interés más bajas de la historia (0%/1% anual) con más de U$S 17 billones de créditos otorgados con tasas de interés negativas. Nunca como ahora ha habido tantos capitales disponibles para inversiones rentables en el mundo emergente.

La Argentina ha ingresado en un nuevo punto de inflexión en su historia; y el sector agroalimentario tiene nuevamente en sus manos la respuesta para su situación de crisis. No hay catástrofes de ningún tipo. La solución está a la vista.

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