Salud

Para qué sirve el ajo y qué mitos esconde

Para qué sirve el ajo y qué mitos esconde

Desde hace miles de años el ajo tiene fama por sus supuestos poderes curativos y terapéuticos. Tan viejo es su prestigio que hasta los antiguos egipcios, hebreos, griegos y romanos le reconocían propiedades medicinales.

Perteneciente a la familia de las liliáceas (las cebollas), ya sea el ajo blanco, más grande y carnoso, o el rosado, debe elegirse con su envoltura bien armada (sin manchas ni hendiduras), firmes y sin brotes.

En casi todas las casas hay una cabeza de ajo, pero ¿para qué sirve el ajo realmente y qué mitos esconde esta verdura?

El ajo blanco es más grande, carnoso y duradero que el rosado o morado.

El ajo blanco es más grande, carnoso y duradero que el rosado o morado.

Para qué sirve el ajo

Típico de la cocina mediterránea, sus virtudes culinarias para saborizar todo tipo de recetas, desde salsas hasta cremas, vinagretas y carnes son bien conocidos pero, para más allá de su sabor, para qué más sirve el ajo.

Se dice que en la antigüedad se usaba como antibiótico natural, para mejorar la circulación y hasta para evitar la peste. Hipócrates (una de las figuras más importantes de la medicina universal), lo recomendaba y Pasteur (químico, físico, matemático y bacteriólogo francés), se dedicó a estudiarlo.

Hoy se sabe que uno de los elementos clave es la alicina, que se genera cuando la aliína un componente del ajo, entra en contacto con el oxígeno del aire (por eso no conviene consumirlo entero sino cortado en láminas, picado o machacado). La alicina es lo que le da ese olor característico al ajo.

A la alicina se le atribuyen muchas virtudes, entre ellas, ayudar a tratar enfermedades respiratorias al tener efectos descongestionantes.

Algunos estudios también afirman que la alicina es activa contra algunas bacterias y tiene efectos positivos contra la placa dental.

Junto a una dieta saludable, se cree que el ajo puede ayudar a bajar los niveles de colesterol malo en sangre (sin por eso reemplazar ningún medicamento), aunque no se sabe exactamente cuál es la dosis diaria requerida para lograr este resultado. Sus propiedades cardioprotectoras aún están en estudio.

Para que el ajo se conserve más tiempo hay que guardarlo en un lugar oscuro y seco.

Para que el ajo se conserve más tiempo hay que guardarlo en un lugar oscuro y seco.

Rico en vitaminas A, B y C, colabora a los procesos metabólicos del hígado y el páncreas. Y, además, es muy nutritivo: tiene una gran variedad de minerales, como calcio, cobre, potasio, fósforo, hierro y magnesio, además de proteínas, fibra, vitaminas y selenio.

Pero hay que saber que, para que sus nutrientes puedan ser absorbidos por el cuerpo, es necesario consumirlo crudo o con poca cocción porque una vez que se calienta a más de 45°C sus beneficios desaparecen.

Una buena forma de consumirlo es frotar los dientes de ajo en una tostada de pan con tomate para preparar las clásicas y ricas bruschettas.

Mitos sobre el ajo

Se cree que esta hortaliza es originaria de Asia, aunque su consumo y producción no tardó en expandirse por todo el mundo, en gran parte, por la fama que fue tomando como fármaco natural.

A lo largo de la historia, y un poco por la ficción también (como la corona de ajos para alejar a los vampiros), el ajo tuvo cada vez más protagonismo. Claro que, como demostró posteriormente la ciencia, muchas de sus virtudes "mágicas" no eran reales.

Una de las creencias más viejas y populares que se conocen indica que comer un diente de ajo entero, crudo y en ayunas todas las mañanas trae muchos beneficios: desde evitar ciertos tipos de cánceres hasta adelgazar, mejorar la circulación y evitar infecciones. Este es, quizá, el mito más arraigado hasta el día de hoy, sin pruebas académicas mundialmente reconocidas que lo avalen. No hay ningún estudio que pruebe que la ingesta de ajo incida sobre las tasas de mortalidad en pacientes con cáncer (ya sea de próstata, colon o estómago), o en pacientes cardiovasculares.

Otro mito: el sudor de los hombres que comen ajo crudo emana un olor más "agradable, atractivo y masculino” para las mujeres.

Otro mito: el sudor de los hombres que comen ajo crudo emana un olor más "agradable, atractivo y masculino” para las mujeres.

Antiguamente, también se creía que los dientes de ajo podían usarse para bajar la fiebre, tratar la sordera, la falta de apetito y la lepra.

Otra creencia popular, que no es más que un mito, sostiene que el ajo crudo es bueno para el sistema digestivo. Sin embargo, debido a su poder oxidativo, en exceso puede tener el efecto contrario y generar irritaciones, diarreas y dolores estomacales.

Aunque comer dientes de ajo crudos en dosis normales no tiene grandes contraindicaciones, sí puede afectar a las personas propensas a la irritación estomacal o alergias, y hasta  contrarrestar o disminuir el efecto de ciertos medicamentos, como los anticoagulantes. Por eso, en el caso de sufrir alguna enfermedad, siempre es mejor consultar con el médico antes de ingerirlo.