Vida

La película que la vida de Josep Bartoli merecería

La película que la vida de Josep Bartoli merecería

Estamos, apenas comenzado el año, ante una de las mejores películas del 2021. Y una obra maestra. El 28 de enero se estrenará en Mubi, Josep. Una película que bien merece, por sus colores, su música, sus voces, su historia, que es la historia del siglo 20, una pantalla de cine. En estos tiempos en que hay tanto para mirar, pero nada para ver (la mano scrollea el mousse o celular y no nos decidimos por nada) la plataforma de cine Mubi (destaquemos de cine: no hay series), es un paliativo. Una programación curada (esa palabra clave, el menos-es-más, como un mariekondismo pero del bien) que para enero ofrece gemas de Wim Wenders, Jean Cocteau o Kiyoshi Kurosawa, en vez de cientos de ofertas audiovisuales revoloteando.

El hombre, barcelonés de nacimiento, fue dibujante, fundador del Sindicato de Dibujantes de España y soldado por la República española. Huyendo de la dictadura pasó por varios campos de concentración. Buscó en Francia, solo con la ayuda de un dibujo en carbonilla, a su mujer embarazada, también fugitiva del terror franquista. Detenido por la Gestapo fue enviado al campo de Dachau. Logra escapar y recala en África del norte. Llega a México donde fue un amigo más que especial de Frida Kahlo (en el filme, la voz de Silvia Pérez Cruz, esa pluma que acaricia los oídos). Emigra finalmente a EE. UU. donde realiza decorados para película de Hollywood y hace amistades con artistas del momento: Clark Gable, Lana Turner, Robert Taylor... Incluso si no hubiese pertenecido al grupo de pintores e ilustradores de vanguardia 10th Street (junto con Willem de Kooning, Mark Rothko y Jackson Pollock) o de no haber sido el gran cronista gráfico de las atrocidades de los campos de concentración franceses, la vida de Josep Bartoli merecería una película.

El Josep Bartoli de Josep es de una masculinidad invisible, solidaria y encantadora.

El Josep Bartoli de Josep es de una masculinidad invisible, solidaria y encantadora.

Josep, filme de animación tradicional (no digital) y ópera prima del ilustrador Aurel trata su increíble vida. En 1939, más de medio millón de hombres, mujeres y niños españoles llegaban a la frontera con Francia pidiendo ayuda. Esos campos fueron el aniquilamiento final de los republicanos que huían con lo puesto del horror de Franco: el país de la libertad, la igualdad y la fraternidad los sometió al hambre, la tortura, el asesinato y violación de las mujeres refugiadas: la escena en la película que así lo muestra –con toda la integridad del fuera de campo– ilustra como nunca la consabida frase ‘’cerdos fascistas’’ (como Art Spiegelman también reflejó a los nazis en su obra Maus).

Pero Josep, con la ayuda de Serge, un soldado francés que se resiste a ser una bestia (como puede, ya que la película no cae en maniqueísmos, sino que pinta la historia del colaboracionismo francés sin medias tintas) lo dibuja todo. Como un Simon Wiesenthal de la guerra civil española, registra el inhumano trato galo. Entre la animación de Aurel, se van superponiendo los dibujos de la que luego sería la obra magna política y social de Bartoli, el libro Campos de concentración (parte de él, se puede consultar gratis y on-line en el sitio laviejafactoria.net). La animación al comienzo es más monocromática, con sombras que apenas se mueven, como las almas moribundas de los prisioneros que resaltan ojos agónicos que no pueden creer lo que ven. Y el estilo de Josep es crudo, revulsivo, un documento de cultura que es también un documento de barbarie: imagínese el expresionismo de los alemanes Otto Dix y George Grozs con el espanto que provoca Alberto Breccia y la crudeza del Carlos Alonso ilustrador, cuerpos desnudos, opulencia militar, alambres de púa, el trabajo forzado, la desnudez como despojo humano.

Pero Josep no se regodea en la obscenidad. Como los mejores filmes de prisioneros de guerra (El ejército de las sombras, de Melville; Un prisionero a muerte se escapa, de Bresson), no cae en la trampa bélica. Y es también una película de diálogos, de amor y hasta de humor: “¿Nos muestras las bragas?”, le dice un prisionero español a una compañera.

“Majo… si tuviera, te las mostraría”, le responde esta para carcajadas de todos.

Una obra maestra debe poder dialogar con el intelecto y con lo popular. El Josep Bartoli de Josep es de una masculinidad invisible, solidaria y encantadora. Un héroe real y humano, un anti-machista avant la lettre y a mano, romántico y bogartiano (esos cigarros en la boca). Y tan accesible como una aventura del Corto Maltés. El intelectual Walter Benjamin –que no pudo sobrevivir a la persecución del fascismo–, escribió que “articular el pasado, no es reconocerlo ‘como propiamente ha sido’: significa quedarse en un recuerdo que relampaguea en un instante de peligro”. Así relampaguea Josep: ilumina el pasado y lo documenta, cuenta la historia (con mayúsculas) a través de una historia individual y nos revela a un artista imprescindible.